jueves, 19 de diciembre de 2013

La última carta de amor

Ya no está de moda escribir cartas de amor, de esas de puño y letra con firma al final. No está de moda; ya pasó el tiempo de plasmar los sentimientos con bolígrafo en un papel y me atrevo a decir que pronto se acabará el tiempo de escribir a mano. La tecnología se está imponiendo cada día con más fuerza y la escritura es uno de los aprendizajes humanos a desaparecer. Probablemente, los niños de finales del siglo XXI reconocerán las letras pero el ordenador suplirá la tinta del boli. La comodidad de teclear frente al esfuerzo de hacer caligrafías... El mundo está en un constante devenir de cambios y éste parece ser uno de ellos. La evolución de la sociedad nos lleva hacia nuevas formas de expresión, así de simple.
Quizás, cuando desaparezcan los escritos a tinta, se perderá algo de la esencia personal que confiere la escritura a cada uno de nosotros: esa forma de unir las palabras única y exclusiva del propio individuo. Esa seña de identidad tan válida como puede serlo nuestra propia biografía. Los que saben interpretar la grafología, pueden llegar a intuir los rasgos de la personalidad del escribiente, según los trazos y las formas de las consonantes y vocales. Algunos hasta se atreven a analizar la firma de personajes históricos. http://escrituraypersonalidad.blogspot.com.es)
Desde luego, todos reconocemos la letra de nuestros familiares. Es como ver una foto de sus caras. El escrito nos impregna de esa persona, de sus vivencias, de sus manías, de la forma en que vive o cómo se mueve. Ocurre igual con las cartas de amor, de desamor o esas que se escriben para finalizar una relación. Si leemos alguna, a pesar de haber transcurrido décadas, nos retrotrae al momento en cuestión y aquellas sensaciones sentidas vuelven a nuestra mente como estelas en el cielo, impidiendo que el olvido se adueñe del pasado. Cuando leemos ese tipo de cartas ya obsoletas, bien por amores pasados, bien por juventud perdida, nos produce una sensación extraña de nostalgia; vemos en ese papel amarillento un testigo implacable de nuestras vivencias. La tinta emborronada por el tiempo nos remueve pasiones olvidadas.

Los niños del siglo XXI se perderán esta sensación extraña de leer el alma de un humano en su propio lenguaje con su propia grafía aunque seguro que ellos tendrán otra forma de hacerlo y no anhelarán ésta. Mirarán los lápices con curiosidad, como se miran los objetos inútiles que un día fueron útiles.

Hoy he recibido una carta de alguien muy especial. El remitente se excusaba: “perdona mi letra, hace años que no escribo en papel y con bolígrafo”. A mí me ha parecido un escrito muy íntimo lleno de sinceridad. Lo guardaré como un pequeño tesoro, porque es posible que no vuelva a recibir ninguno similar y algún día, cuando el tiempo pase, volveré a leerlo y en esas letras aún permanecerá la esencia de aquel hombre que un día me escribió la última carta de amor. Entonces, una lágrima indiscreta caerá sin querer sobre el papel, diluyendo alguna palabra del texto y tal vez, me sirva para que la esperanza pueda volver a hacerme soñar de nuevo con el futuro incierto de los sentimientos.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Vodafone Sol y la Cienciología

¿Quedamos por el centro para ir de compras?- me propone mi amiga desde el otro lado de la línea telefónica.
¡Vale!-respondo entusiasmada pensando en el ambiente navideño del centro de Madrid-Nos vemos en Sol, justo a la salida del metro, en media hora.
Ya no se llama Sol- me corrige- Ahora se llama Vodafone Sol.
¿Vodafone Sol?- pregunto incrédula- Pero si Sol es una estación de metro mítica de Madrid. No creo que hayan tenido la poca vergüenza de mercadear con la ciudad de esta forma.
Temo decirte que la han tenido. A lo mejor quieren poner todas las líneas así para sacar dinero. Lo mismo Callao será Evax*Callao, Tribunal será Koipesol Tribunal y así sucesivamente. La ciudad vendida al mejor postor. El poder del vil metal...
Mi amiga tiene razón, la ciudad vendida al mejor postor y nadie se ha quejado viendo cómo se desquebraja la esencia de Madrid. A este paso, cambiarán el nombre de “La Cibeles” por “La Cibeles Coca-Cola” y nos parecerá normal porque todas las líneas de metro y monumentos emblemáticos habrán ampliado su nombre por un nombre más publicitario. Cuando vengan los turistas de otros países, se harán fotos en “La Cibeles Coca-Cola”, en “Gran Vía Cola-Cao” o en el “Museo del Prado Loreal”.¡Qué ridículo!
Todos estos pensamientos me vienen a la cabeza mientras cojo la línea 1 hacia Vodafone Sol y mi vista se fija en uno de esos anuncios publicitarios colocados en las paredes de los pasillos que van hacia los andenes. La mayor parte del cartel lo ocupa la cara de una niña con aspecto virginal. Unos grandes ojos verdes resaltan sobre el resto de la foto confiriéndole un halo de misticismo sobrenatural. Este rostro bien podría haber pasado por modelo de algún pintor renacentista si éste hubiese querido representar las virtudes del paraiso celestial. Debajo, una invitación para afiliarte a la Cienciología, esa organización a la que pertenece algún actor famoso de Hollywood. Entre sus creencias, los adeptos a la Cienciología admiten la existencia de alguien llamado Xenu, un dictador de la Confederación Galáctica, que hace 75 millones de años trajo miles de millones de personas a la Tierra en naves espaciales parecidas a aviones DC-8. Después los desembarcó alrededor de volcanes y los exterminó con bombas de hidrógeno. Tras eso, sus almas (en inglés
body thetans ) se juntaron en grupos y se pegaron a los cuerpos de los vivos, generando caos hasta la actualidad. Esta creencia no es en sí peligrosa, parece más fantasiosa que peligrosa, pero hemos de preguntarsnos si la Cienciología representa a una religión o a una secta. En España parece estar considerada como religión pero en Francia la consideran como una secta, ratificado por el Tribunal de Casación hace unos meses. Si los franceses tienen razón, como indica la lógica según las pruebas presentadas, lo peligroso del anuncio es la invitación a pertenecer a una secta. Estas asociaciones aniquilan el pensamiento de los individuos; lo transforman en dogma de fe para satisfacer el mantenimiento de la propia organización. Los convierte en esclavos y les arrebatan la posibilidad de sobrevivir fuera de la comunidad sectaria infundiéndoles temores y sentimientos de culpabilidad que acaban por minar sus autoestimas hasta destruirlas por completo. Si la Cienciología no es una secta, se le parece mucho. En www.sectas.org se expone con una claridad meridiana las características y los entresijos de estas formaciones pseudoreligiosas.
Pues bien, la Comunidad de Madrid nos está animando a pertenecer a la Cienciología. Probablemente ni ellos mismos lo sepan, porque ni la alcaldesa ni su séquito viajan en metro. Pero la realidad es que han otorgado competencias a una empresa de publicidad con pocos escrúpulos a la hora de elegir el producto a vender. Por lo menos podrían haber valorado la sentencia de país vecino antes de lanzarse a publicitar una empresa tan conflictiva. Tirando de hemeroteca recordemos que en 2012 el Tribunal de Apelaciones de Francia confirmó una pena contra la Asociación Espiritual de la Iglesia de la Cienciología y el Celebrity Centre por estafa y por ser una banda organizada, siendo condenados a pagar 400 000 y 200 000 euros de multa respectivamente. Sus responsables fueron condenados al pago de multas de 10 000 a 30 000 euros y dos años de cárcel. Todo esto no ha servido para que los gobernantes de nuestro país tomen medidas de protección contra este tipo de asociaciones; al contrario, favorecen con su beneplácito la mal llamada “libertad de culto religioso”en este caso concreto, si tomamos por cierta la sentencia francesa. No sé si esto me produce más indignación que lo de Vodafone Sol o las dos cosas por igual y no sé si ambas me producen más indignación que rabia o al revés. Vodafone Sol y la Cienciología… Poderoso caballero es don Dinero. ¡Mal camino llevamos!


*Mi máximo respeto a las marcas usadas como ejemplo. En ningún momento he querido ironizar sobre el producto al que representan.


jueves, 5 de diciembre de 2013

Medios de comunicación de pandereta, para un país de pandereta

Efectivamente, España es un país de pandereta. Penúltimo panderetazo: Día 1 de diciembre. Belén Esteban como portada de Magazine, el suplemento semanal de “El Mundo”. ¡Toma ya! Sin anestesia. ¿Desde cuándo Belén Esteban ha ganado méritos para aparecer como portada del suplemento semanal de un periódico con rigor periodístico acreditado? Una mujer que ha vendido su intimidad, su salud, sus problemas, sus cirugías estéticas y su dignidad; sin más profesión que hablar sobre su ex, la familia de su ex y hacer comer el pollo a su hija. Una mujer que no representa a nadie, por más que quieran empeñarse sus asesores de marketing. ¿Cómo vamos a aconsejarles a nuestros hijos que se esfuercen y estudien si los medios de comunicación aplauden a personas incultas que se dedican a faltar el respeto a los demás?
¿Para qué tantos estudios sobre fracaso escolar, tanto cambio de siglas en la educación, tanta comparativa de éxito académico entre países si resulta que luego las portadas de los periódicos las ocupan personas salidas de las “televisiones basura”?Desgraciadamente, en la televisión cada vez hay más programas donde aparecen personas poco “leídas y escribidas”. Los analistas nos hacen creer, enseñándonos una cuota de pantalla (así lo llaman), que sólo nos interesa los “poblemas”personales de Paquirrín. Habrá alguien con un interés especial por Paquirrín (su madre, por lo menos) y a veces, hasta hace gracia, como hacen gracia otros personajes con similar perfil. Verlos en una pantalla puede ser un antídoto contra el aburrimiento. Uno de los objetivos de la televisión puede ser diversificar el modo de entretenernos. Eso sería lo ideal. No se pretende atormentarnos exclusivamente con programas culturales o documentales de la 2, pero repasando la programación de diferentes cadenas, a una le da ganas de apagar la tele y hasta taparla con un paño. Ni mencionar las cadenas autonómicas. Algunas son como para echarse a llorar. Menos mal que algunas radios se resisten todavía al cutrerío de la mediocridad.
A los que aún nos queda alguna neurona viva, nos extraña ese empeño en convertirnos en los “paletos” oficiales de Europa, como nos extraña y personalmente me cabrea, la portada de Belén Esteban en un periódico de información. Habrá que recordarle a Pedrojota aquello de la mujer del Cesar, lo de no serlo y además no parecerlo. Pues eso, Pedrojota: seamos serios, porque a este paso, vamos a acabar todos como las maracas de Machín... si no lo estamos ya.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Propongo

Gabriel Celaya lo escribió:

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

¿Será verdad que cuando tocamos fondo la poesía nos ayuda a remontar? De este poema hace más de cincuenta años y una vez más, estamos tocando fondo, socialmente, me refiero. ¿Es ahora cuando tenemos que echar mano de la poesía? No sólo escribirla, sino verla, olerla, tocarla.. Sentirla en la sonrisa de un niño o en la mirada cansada del anciano. Imaginarla en la derrota, cuando todo está perdido y ya no queda nada por lo que luchar. ¿Es la poesía un arma cargada de futuro, como dice Celaya? ¿O es agua pasada?
Lo dijo Becquer:“mientras exista una mujer hermosa, habrá poesía”. Aquel verso famoso “poesía eres tú” nos retrotrae hasta el pasado. Ya nadie nos dice eso de “poesía eres tú”, más bien decimos “poesía soy yo”. Nuestra capacidad de entrega cada vez es menor, o por lo menos, eso parece. Damos poco de nosotros y cuando damos, esperamos recibir. Esta forma de amar bidireccional es menos tóxica que el sentimiento apasionado y destructivo de quien entrega hasta la última gota de su sangre (metafóricamente hablando, claro) a nuestro enamorado, aunque no nos corresponda ni le importemos lo más mínimo. El único amor incondicional es el de la madre o el del padre, los demás amores suelen ser de ida y vuelta. Tú das y yo te doy. Hipoteca al 50%, amor medido y con separación de bienes por si acaso, que la eternidad del amor es demasiado eterna para ser real y ese “por si acaso” se impone al utópico “para siempre”. Desde el siglo XIX al XXI la seducción ha cambiado de rumbo y ha pasado de ser sensual a sexual. No estoy añorando los tiempos del picú, de la serenata o de las cartas de amor. Ningún tiempo pasado fue mejor. El mejor tiempo es el ahora y el que habrá de venir. Hemos nacido en esta época, para lo bueno y para lo malo. Cada cual que modifique aquello que no le guste, pero a veces a una le da ganas de decir: “Becquer vuelve, que esto se nos está yendo de las manos”.
No vamos a exigir una seducción a la antigua usanza, con represión sexual incluida, sobre todo porque si a algún hombre en la primera cita se le ocurre incorporar en el ritual de la seducción la lectura de una poesía de amor, la mayoría de nosotras llamaríamos al 112 y las demás miraríamos el contenido de la copa que ha estado bebiendo nuestro poeta durante la cena. Ya no estamos acostumbradas a la poesía como expresión de sentimientos. A lo mejor, a las personas que nos gusta este género literario, sí leemos poesía de vez en cuando, pero es un género a extinguir probablemente. ¡Ojalá me equivoque!
Yo, para apoyar este tipo de expresión, voy a aportar mi granito de arena y voy a poner una poesía que escribí hace muchos años pero que sigue muy presente en mi hoja de ruta de la vida. Se titula
PROPONGO.

Propongo que la vida sea más larga que los sufrimientos.
Propongo que no se vendan los besos.
Propongo soñar con los ojos abiertos.
Propongo insistir en que vale la pena
seguir caminando, seguirse cayendo,
seguir recordando, aunque los recuerdos
nos partan el alma, si es que la tenemos.
Propongo sentir aunque sea tristeza
y prestar pañuelos que sequen el llanto
a los que lucharon por los sentimientos.
Propongo pensar para no morirse,
amarse sin tregua, borrar de la mente
los falsos “te quieros”.
Propongo que se otorgue una medalla
a la valentía del que se resiste
a ser fracasado.
Propongo desnudar mentiras,
vestirnos de abrazos,
saber que podemos volar por la vida,
con alas de cera y aunque se derritan,
propongo ser Icaro.

jueves, 21 de noviembre de 2013

La soledad de las redes sociales

Las redes sociales han cambiado nuestra vida desde hace unos años. Facebook o twitter nos ha hecho desnudarnos como personas delante de cualquiera que quisiera leernos. En esta sociedad, tener ídolos está siendo una tarea cada vez más complicada. Creo que el mundo de los “conocidos” se ha venido abajo por las redes sociales. Twitter ha desenmascarado a la gente tal y como es realmente. Cuando pienso en actores míticos me cuesta trasladarlos a la realidad. Una no se imagina a Paul Newman diciendo: "hoy he desayunado tortas con jamón, mmmmm". Cuando una piensa en un personaje que le gusta, en un amor platónico, lo idealiza y twitter ha humanizado esa idealización, poniendo a ras de tierra a todos por igual. Ya no hay diferencias entre Cristiano Ronaldo y mi panadero. Ambos desayunan tortas con jamón, ambos duermen sobre sábanas, aunque los de uno cuesten diez veces más. Se ha perdido el misterio de la gente famosa como personaje, para convertirlas en personas. No estoy idolatrando a la gente famosa. Mi amigo Ramón Mira dice que es un pecado idolatrar a los humanos, porque sólo se idolatra a los dioses. Me refiero a esa necesidad de compartir cotidianeidad y normalidad. Si son normales, mejor para ellos. De todas formas, lo averiguaremos en sus comentarios de twitter.
Es muy fácil adivinar cómo es una persona como persona, leyendo sus comentarios. Uno es lo que escribe en twitter o en Facebook. Se palpan los miedos, las miserias que escondemos, los anhelos o las ilusiones. Es fácil hacer una composición de lugar de una persona si lees sus comentarios. Paseando por las redes sociales, he leído los mensajes de twitter de una periodista exitosa, merecedora del éxito por inteligente, talentosa y trabajadora y en ellos aparece la mujer, sin el parapeto del periodismo, desnuda en alma. Habla de la condición de su soltería, demasiadas veces, me parece, de las noches de tele en el sofá de su casa, de cuando se queda sin salir disfrutando del calor del hogar, de cuando se va de fiesta, con foto incluida o de su interés por la caza mayor (eso le ha suscitado algún comentario negativo). Todos esos actos la igualan a nosotros: a los de andar por casa. No sé si eso los beneficia o los perjudica. Yo creo que los perjudica, porque en las redes, se palpan los defectos y cuando admiras a alguien famoso, intentas obviar sus defectos. No interesa; tan sólo sus logros profesionales, pero muchos de ellos se empeñan en compartir su vida personal con la gente que los lee. Puede leerlo cualquiera que sepa leer, por cierto. 

Los famosos tienen la necesidad de decir lo que hacen exactamente igual que el resto de los humanos. Si miramos twitter de personas anónimas, el contenido es el mismo: estamos constantemente diciendo a los demás cómo somos (curioso el ego, lo importantes que nos creemos), cómo nos sentimos, lo que hacemos... ¡hasta nuestros pensamientos íntimos!, en algunas ocasiones. Estamos llenos de redes sociales y me atrevo a decir que estamos más solos que nunca. ¿El nivel de soledad se mide por el número mensajes de twitter o de Facebook diarios? ¿O es un lugar más donde poner nuestra autoestima?

jueves, 14 de noviembre de 2013

No estés triste... ¿o sí?

No me fío de las personas de sonrisa constante pegada a la cara. Esos que cuando comentas los detalles de las vacaciones sonríen ante la más mínima anécdota sin trascendencia, o los que te responden “por lo menos tienes trabajo” cuando les cuentas cómo tu jefe te ha hecho trabajar más sin pagarte las horas extras, o los que te dicen “olvídalo”, “él se lo pierde” si tu novio te ha dejado. No soporto a los de sonrisa perenne, inmunes a sus propias desgracias. Es cierto: mantener la regularidad emocional es básico para un equilibrio mental, pero hay motivos que nos hacen cambiar nuestro humor, aunque sea momentáneamente. Estamos en la época de los antidepresivos. Ahora, la única emoción válida es la alegría; la consulta de los psicólogos está llena de gente sin capacidad para afrontar las vicisitudes de la vida en sí: el desamor, la soledad, el envejecimiento... No nos han enseñado a afrontar la frustración. Al parecer, tenemos que ir dando saltos por la vida, con la sonrisa en la boca, aunque nos hayan ocurrido situaciones desagradables que hagan necesario pasar un duelo. Si uno acaba de divorciarse, es normal tener pena y rabia por la decepción. A nadie le gusta pasar por un fracaso matrimonial. Es normal llorar, es normal sentir un vacío interno. Hemos de acostumbrarnos y adaptarnos a una nueva vida. ¿La solución sería tomar antidepresivos para mitigar el dolor? La tristeza forma parte de nuestro abanico de emociones. Negarla es como negarnos a nosotros mismos. De la tristeza se aprende, igual de que de cualquier otra emoción. Sentirla no es agradable y huimos de ella, pero el prozac no nos solucionará el problema de base. Habitualmente, nuestros familiares, amigos o ambos, nos reconfortarán.

Caso aparte, es la depresión. Esa enfermedad es muy seria como para frivolizar sobre ella. Los enfermos lo pasan francamente mal y sufren mucho porque ven la vida como un túnel sin salida. En ese caso, la medicación es un arma muy eficaz junto con la ayuda psicológica, pero la palabra “depresión” se ha usado alegremente y valga lo contradictorio de la frase `para definir nuestra tristeza cuando la realidad no acontece como pretendíamos. “Estoy deprimido”- decimos- cuando realmente queremos decir“estoy triste”. Entonces, viene ése, o esa “perdonavidas” que intenta mejorar nuestro ánimo con un “no estés triste”, o un “pero mujer, no te preocupes por eso”, o “tranquila, hay cosas peores”, y tú, ahí, hecha polvo porque tu pareja te ha dejado por una compañera del gimnasio o porque tus vecinos ruidosos no te dejan dormir. Cinco minutos más tarde, tu animador personal te mira con esa sonrisa que le partirías la cara y te ofrece soluciones varias para dejar de estar triste o cabreada, mientras intentas evitar esa sensación de frustración, no aceptable en la sociedad de los antidepresivos. Pero no le partimos la cara. Nos limitamos a asentir y en el mejor de los casos a marcharnos lejos del pseudopsicólogo de andar por casa obviando sus comentarios infructuosos.
Si alguna situación desfavorable nos ha causado desaliento, queremos alejar la pena cuanto antes pero frecuentemente se nos olvida la paciencia como remedio fundamental para mitigar nuestro dolor. Hay un tiempo para curar un resfriado (aunque nos metamos para el cuerpo todas las reservas farmacéuticas de frenadol). Hay un tiempo para curar los reveses de la vida y aun así, algunos reveses no los cura el tiempo; tendremos que aprender a vivir con ellos. En algunos casos, dependiendo del revés y de nuestra respuesta, necesitaremos ayuda médica, pero si sabemos encajar la derrota, además de pañuelos para secar lágrimas, necesitaremos, sobre todo, tiempo para asentar el poso del fracaso. Ya lo dice Sabina: “que el destino es un maricón, sin decoro, te da champan y después chinchón”. Deberemos aprender a beber chinchón cuando nos toque, a golpe de llanto o de enfado hasta que nuestras heridas curen y cicatricen. Si aprendemos a tolerar la frustración, beberemos chinchón cuando nos toque, lloraremos, gritaremos y patalearemos, cuando haga falta. Por favor, que nadie nos diga en ese caso “olvídalo”, o “no estés triste”, porque precisamente nos tocará eso: estar triste y no olvidar. Son nuestras vivencias y aunque duelan, forma parte de nuestra biografía. No podemos olvidar la muerte de nuestro perro o el dolor del desamor, o la sensación de enfado cuando nos ponen una multa. Tenemos motivos para estar todo el día enfadados o tristes; sólo hace falta poner el telediario, pero eso no debería condicionarnos para mantener un humor enfurruñado perpetuo. La tristeza o el enfado ha de ser puntual, lo justo para proporcionarnos un aprendizaje. A la más mínima equivocación cometida (somos humanos imperfectos), podemos hacer de la irascibilidad un hábito y nos convertiremos en unos cascarrabias insoportables con la susceptibilidad a flor de piel. Allá cada uno con su carácter.

Yo creo en la alegría y en el buen humor como motor de la vida. Si nos reímos de nosotros mismos, evitaremos sufrimientos innecesarios, nos ayudará a ser más humildes pero a la vez seremos más valiosos como personas. Tenemos derecho a equivocarnos. Al fin y al cabo, la vida es eso, un aprendizaje. Sabiendo encajar la tristeza, los desengaños, la soledad, el miedo, el desamor, las frustraciones y en definitiva, todas las emociones que nos hacen sufrir, sabremos reconocer lo esencial de lo superfluo. Sabremos disfrutar de lo bello de la vida. Sabremos reconocer sus carencias en su justa medida, sin fluctuaciones importantes en nuestro equilibrio vital ¿Cuándo ocurrirá esto? ¿Cuántas experiencias habremos de tener para llegar a estos conocimientos? ¡Buena pregunta!

jueves, 7 de noviembre de 2013

Mi maestra y su fe

Yo tenía nueve años. Mi maestra doña Esperanza (he cambiado el nombre para salvaguardar su identidad) nos ponía en pie todos los días antes de salir de clase y nos hacía rezar el Padrenuestro. Felipe González ya había sido nombrado Presidente del Gobierno y aunque nuestro colegio era público, las costumbres en vida del dictador aún persistían, dando sus últimos coletazos antes de convertirse en lo que hoy representan: recuerdos de una época gris. Las dictaduras siempre son así, da igual si la mano está abierta o el puño cerrado. Son grises, llenas de ciudadanos con valores impuestos a los que el raciocinio se les marchita a punta de pistola. Tus propios vecinos pueden ser espías del Régimen y nadie está a salvo de una inspección rutinaria. En las dictaduras, la palabra “libertad” sólo existe cuando después de la palabra “con”, aparece el nombre del dictador; fuera de ahí, esa palabra es un peligro para la construcción del proyecto totalitario y lo mejor es aniquilar al pensante. En la Dictadura de Franco, la Iglesia Católica se fusionaba con el poder del Gobierno. Un buen español tenía que ser un buen católico.
Mi maestra, Doña Esperanza era católica por convencimiento, no por imposición. En mayo, llevábamos flores a un retablo de la Virgen María; hacíamos representaciones teatrales de la aparición de Fátima a los ancianos del asilo y en Navidad, organizábamos festivales de villancicos.

Mi memoria la recuerda de una forma muy entrañable. Tenía hacia nosotros una disciplina cariñosa. Jamás usó castigos físicos para reprender nuestra conducta. A pesar de su seriedad y su aspecto enjuto tenía un gran corazón. Su apariencia distaba mucho de lo que se entiende o se entendía por femenino. Nunca la vi con falda, ni maquillada. Su pelo canoso (mi maestra rozaba la cincuentena) cortado a lo “garçon”, conjuntaba con unas gafas de pasta negra, dando ese aspecto varonil que a nosotras por desconocer las causas que lo propiciaban nos parecía simplemente habitual. Actualmente las tendencias de la moda han cambiado. Bimba Bosé, por ejemplo, sabe jugar muy bien con ese aspecto ambiguo, sin que eso suponga una orientación sexual determinada, pero hace unas décadas la moda estaba más separada y se notaba más lo diferente.
Doña Esperanza vivía con doña Rosa, otra maestra que daba clase a tercero de E.G.B. Doña Rosa, también católica, de misa diaria y rosario nocturno, era más jovial. Siempre acudía a clase con los labios pintados de rosa magenta. Ese color alumbraba su sonrisa y lo destacaba del resto de su expresión. Al revés que su amiga, ella casi nunca usaba pantalones. Sus vestidos eran de colores alegres, acorde con su personalidad extravertida.
En nuestra mente infantil, aún no existía la diferencia entre vivir juntas y compartir piso. Nadie nos habló de que ese tipo de relaciones pudiesen existir. Era un tema oculto para la sociedad. La Dictadura se había cebado con los actos“contra natura”, juzgando la forma de amar. De nada valían las clases de Historia, donde griegos y romanos practicaban sexo diferente sin que eso supusiera un alejamiento de los dioses. La homosexualidad fue considerada como una enfermedad mental hasta 1973. Si alguien se sentía atraído por otra persona del mismo sexo, el diagnóstico estaba claro: era un enfermo mental. Lo argumentaban poniendo la reproducción como bandera, y claro, lo más importante en los animales es la reproducción. Se les olvidaba que nosotros somos animales algo más evolucionados (no mucho más, la verdad) que los demás y nuestros circuitos cerebrales son mucho más complejos. Nuestra sexualidad no es tan simple. La parte instintiva se ha mezclado con la parte emocional. Instinto y sentimientos se mezclan. La atracción sexual ya no cumple un papel puramente reproductor. El informe Kinsey derrumbó mitos y asustó a muchos en los años cincuenta. Uno puede sentirse atraído por alguien de su mismo sexo en un momento de la vida y no ser homosexual. El erotismo de la imaginación está lleno de color; no todo es blanco o negro, sobre todo desde que la Democracia nos ha permitido separar el Estado de la Iglesia y ahora, nuestros pensamientos son más íntimos y libres de pecado.



Entre los dogmas de las religiones, hay una imposición de normas de vida para sus fieles. Les dicen cuándo, cómo y con quién pueden o no practicar sexo. La de la media luna, además es un infierno para la mujer, condenándola al ostracismo, pero no soy yo, ajena a ella, quien tendrá que cambiar las reglas de esta religión machista, sino las propias mujeres que están dentro de ellas, si las dejan. En la mayoría de esos países árabes, religión y Estado forman un sólo bloque, dando normas a sus ciudadanos impuestas por la fe, como lo ha estado en nuestro país hasta hace treinta años. A nosotros ya no nos da miedo pensar. Bueno, escribo esto con el respaldo de la libertad de expresión de la Democracia; a ver quién es el guapo que se atrevería a firmarlo en 1950. Nadie osaba retar a los mandatarios de la época, bueno, casi nadie en su sano juicio o con poco valor por su vida y plantearles que uno podía practicar sexo con quien, o de la forma que uno viese más conveniente (siempre adultos, claro y relaciones consentidas) sin tener que pasar por la vicaría y sin la necesidad de ser diagnosticado como enfermo mental por parte de un psiquiatra. De todas formas, ¡Vaya importancia le han dado al sexo como pecado placentero! ¡Qué manía le tienen! Hasta hay un mandamiento que censura los pensamientos impuros: el noveno. ¡¡Los pensamientos!! A ver qué daño hace uno y a quién, pensando tener una aventura con el vecino o vecina del quinto. Hablando del quinto, el quinto mandamiento, no matarás, lo han obviado, o parece que tienen mala memoria. Santiago“matamoros”, patrón de España, no pasó a la Historia precisamente por sus plegarias. Son las contradicciones de las religiones, creadas por los humanos, mortales y contradictorios, aunque para un porcentaje de la población hayan sido creadas por Dios a través de los hombres. Si esto es así, Dios se contradice. No se puede santificar a personas que han matado a otras personas, aunque sea para preservar la fe. ¿Creemos en un dios engreído que evalúa el amor que le tiene Abraham poniendo en riesgo la vida de un niño inocente? ¿O en un dios que castiga con plagas e inundaciones matando a diestro y siniestro a las personas que él mismo ha creado? Reflexionemos. O partimos la Biblia en dos y nos quedamos sólo con el Nuevo Testamento, o algo no cuadra...

Pienso en mi maestra y me aterra la idea de que estas mismas contradicciones surgidas entre los sentimientos hacia otra mujer y lo que se supone debería hacer por su condición de católica, le hiciesen sufrir y poner en la balanza su fe o su amor. Pensar que iría al infierno de cabeza, compartiendo espacio con asesinos, violadores y malvados, solamente por amar de una forma menos habitual era como para pensárselo dos veces antes de seguir con aquella conducta supuestamente “pecaminosa”. Muy valiente fue mi maestra eligiendo el amor prohibido en pos de la vida eterna. Ahora, ya en el otro lado, deseo un cielo para ella y no un infierno, si es que hay infierno más allá de esta vida y cielo más allá de nuestra fantasía.
Hace unos años, la dama del “relaxing cup”hizo una comparación para justificar la no legalización del matrimonio homosexual, con la mezcla de peras y manzanas; muy ecologista, ella, con el símil. No sé si doña Esperanza era la pera y Doña Rosa la manzana o al revés, pero dos personas adultas que se quieren, sean peras o manzanas, juntas o mezcladas, tienen derecho a casarse y a tener los mismos derechos que cualquier otro tipo de fruta. Hay una negación intrínseca por parte de algunos, a este tipo de relaciones mezcladas manzanas-peras y lo traducen en que el acto no puede ser llamado “matrimonio”,por un concepto etimológico derivado del latín “mater”, o algo así. En cualquier caso, son excusas baratas para la ocultar su homofobia, simplemente porque... ¿Por qué? ¿No es el amor igual para todos? Por cierto, con la de frutas que hay, siempre tiene que salir a colación la fruta prohibida. Ese subconsciente... Cuidado con esos pensamientos, dama, o tendrá que pasar por el confesionario. Ay ese noveno mandamiento...

jueves, 24 de octubre de 2013

Los arribes del Duero

Estoy en los arribes del Duero. Aquí la naturaleza no obedece y el río se abre paso entre las rocas y de entre las rocas surgen árboles que desafían al tiempo. Aquí estoy, rodeada de belleza, en un pueblo llamado Fermoselle, tan cerca de Portugal que se puede intuir el rastro luso. He conocido gente que merece la pena ser conocida y seguro será difícil de olvidar. He visto paisajes atemporales envueltos en la sombra del río y me he sentido diminuta entre tanta grandeza. ¡Eso está bien! De vez en cuando nos tienen que decir aquello de " recuerda que eres mortal" para no creernos lo que no somos. Al fin y al cabo, lo somos: mortales. No lo olvidemos.

jueves, 17 de octubre de 2013

¿Y si el mago fuese a buscar a Dorita?


Hubo una vez en que me perdí y no sabía volver a Kansas. Aunque lo programé y escribí Kansas con todas las opciones gramaticales posibles, mi GPS me repetía una y otra vez “recalculando ruta” y no lograba encontrar el camino exacto. Mi agotamiento iba en aumento a la par que la desesperación  de sentirme perdida, así que, decidí ir a Oz a buscar al mago. Me puse los chapines rojos y siguiendo el camino de baldosas amarillas inicié la marcha al son de la canción: “because, because, because, because of the wonderful things he does”.

Estuve andando un día y otro y otro. Sólo descansaba para comer y dormir (para otras cosas fisiológicas también, pero en un cuento no se dicen) y por fin, cuando la tierra dejó paso al mar, cuando el horizonte pudo tocarse con las manos y  el arco iris surcaba el cielo sin lluvia, entonces, a lo lejos, vi un cartel que ponía “Bienvenidos a Oz”.
Lo primero que hice al llegar a Oz fue buscar un hotel céntrico para darme una ducha. Una cosa es la coquetería y otra muy distinta es el desaseo. La recepcionista, muy amable, me prestó un peine. También me regaló un frasquito de colonia,  sin que yo se lo pidiera. No quiero ni pensar cómo me vio  ni  cómo me olió.  Cuando bajé de la habitación, duchada, perfumada y con mis coletas perfectamente peinadas, le pregunté si sabía cómo podía encontrar al mago. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que el mago venía a la cafetería del hotel, porque sabía que yo estaba allí.
-        ¡Es un mago!- exclamó la recepcionista al ver mi cara de poker- Los magos lo saben todo.
Con una mueca parecida a una sonrisa me indicó unos sillones colocados en una zona alejada del tránsito de las personas alojadas. Me senté en uno de ellos y allí esperé. Media hora después apareció el mago. Lo supe porque tenía una túnica azul con estrellas pintadas. No cabía duda, era él. Me lo hubiese imaginado más viejo o más feo, pero este mago no era ninguna de las dos cosas. Me levanté para saludarlo. Se sentó en el sillón contiguo al mío. De repente me quedé sin palabras. No sabía cómo empezar la conversación y me lancé, hablando sin parar sobre temas inconexos. El me miraba sin articular palabra. ¡Normal! , no le dejaba establecer un diálogo. Entre las palabras  a destacar de aquel monólogo sin fuste, mi voz repetía  “Kansas”, “perdida”, “ayuda” y otras más que no recuerdo. Sólo dejaba mi discurso para tomar pequeños sorbos de tila. Menos mal que en Oz conocen la tila- pensé.
Aprovechando un momento de debilidad en mi interlocución, el mago resumió mi discurso:
        No sabes volver a tu casa, ¿verdad? Vamos a ver cómo puedo ayudarte.
Sacó un paquete de tabaco de un bolsillo y encendió un cigarro.
-             ¿Has venido sola?- me preguntó mientras echaba humo por la boca.
Yo asentí con la cabeza.
        ¿Usted fuma?- pregunté, asumiendo lo absurdo de mi pregunta.
        A ver, Dorita, cuando alguien enciende un cigarro y echa humo por la boca, efectivamente, fuma. Muchas veces estamos viendo lo que ocurre a nuestro alrededor  y seguimos preguntándonos si realmente está ocurriendo. Nos empeñamos en buscarle tres pies al gato. Lo obvio no admite discusión. Probablemente no quieras preguntarme si fumo, sino por qué fumo. Si quieres, vuelve a reconducir la pregunta o cállate.
        Discúlpeme, no era mi intención incomodarlo.
        A lo que vamos... para volver a tu casa necesitas a tus amigos. ¿Dónde está el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros? Sin ellos no podrás volver.
        No lo sé. No los he visto. Usted es mago, sabrá donde están.
Sus ojos me miraron como diciendo ”esta chica es tonta de remate”, pero echó otra bocanada de humo y continuó:
        Ellos están dentro de ti, pero aún no lo sabes. La inteligencia, el valor y el corazón  son las armas que necesitarás para volver a tu casa  y lo que es más importante, para no perderte nunca, a no ser que quieras perderte, claro. La inteligencia para resolver los problemas que se te planteen en la vida, el valor para enfrentarte a ellos y el corazón para guardar los sentimientos  creados dependiendo de tus decisiones o  de los acontecimientos que vayan sucediéndote ajenos a tu control.  Ah, y tus chapines rojos, claro. Con ellos has llegado hasta mí.  Simbolizan la seguridad en ti misma. Tu autoestima.  Sin ella  nos volvemos débiles y vulnerables ante cualquier contratiempo. La autoestima nos ayuda a perdonarnos, a aceptar nuestros defectos y a querernos tal y como somos. Es como una buena madre;  aunque nos regañe cuando nos portamos mal, siempre es compasiva con nosotros y no nos cambiaría por nada ni por nadie porque somos lo mejor que le ha pasado en su vida. Por cierto, ¿tú no tenías un perro?
        ¡Totó!
        Pues to-to  tócame los... jajaja
        ¡Yo a usted no tengo porqué tocarle nada! - exclamé  indignada- ¡Será maleducado!
        ¡No admites una broma! El sentido del humor es un punto clave para ser feliz. En fin...  La fidelidad del perro  es tu propia fidelidad como persona. Es tu integridad como ser humano. Tener cerca a Totó, te ayudará a saber quién eres, cómo eres y cuál es tu opinión sobre los diferentes aspectos de la vida.  ¡Hazte preguntas! ¡Estructura tu forma de vida!  Pero no hagas el puzle entero. La rigidez no ayuda a aprender. Deja piezas sin montar, sueltas, por si acaso las incorporas a tu estilo de vida con el paso del tiempo, o por si quieres salirte del camino cuando te apetezca. Las ideas sobrevaloradas nos pueden llevar a engaño. Conócete a ti misma- como aconseja el filósofo. Esa fidelidad hacia ti,  te permitirá saber volver cuando te alejes de tus valores.

 Aquellas reflexiones me hicieron pensar. Nunca había considerado la idea de conocerme tan a fondo. A veces me sorprendo a mí misma con actitudes poco frecuentes en mí. Eso mismo le expuse, mientras tomaba tila a sorbos.
        Claro, Dorita- puntualizó- Yo soy un mago, pero puedo ser un loco o un   ermitaño o  convertirme en un carro, pero siempre seré yo.
-        No entiendo la relación de la vida con el tarot, a menos que usted se refiera a algo metafórico.
-        Algo así.  Esa capacidad camaleónica es buena, sabiendo quién eres en realidad y es mala, si vas dando tumbos por la vida sin orden ni concierto. No se trata de controlar los sentimientos. Uno siente, no analiza; se trata de vivir, pensar, sentir y actuar conforme a tus valores. Pueden o no ser similares a los valores de los demás, pero es tu filosofía de vida. Tan válida  como cualquier otra.  ¡Equivócate tú! ¡Acierta tú! ¡Redirige tu vida, tú!
        Usted es un mago diferente. Pensaba que haría magia y me devolvería a Kansas.
        ¿Magia? Si quieres puedo hacerte magia. Si paso la noche contigo  en el hotel, puedo echarte unos polvos y luego desaparecer.
        ¡Vaya un chiste malo!
        Ahora en serio- dijo, acariciándome la cara- puedo dormir contigo sin que pase nada. Sólo dormir abrazados.
Yo estaba asombrada. No sabía cómo reaccionar. Lo miré con una mezcla de asombro y pánico escénico, aunque reconozco que su proposición me gustó. Sentirse deseada es un halago.
       Usted me gusta mucho, de verdad- le expliqué casi sin mirarlo a los ojos- pero yo no estoy preparada para dormir con usted, así de primeras. Apenas lo conozco  y aunque confío en su palabra. .. no pasará nada, lo sé, pero verá... yo.
       ¿Confías en que no pasará nada?- preguntó riendo- ¡Pues no confíes! Cuando un hombre te diga: ”no  va a pasar nada” o “sólo quiero  abrazarte”  y patatín y patatán, no te lo creas. A poco que te descuides  ¡Zas! Son nuestros instintos. No podemos prescindir de ellos ni deberíamos.  En cuanto miramos a las... coletas se nos va el raciocinio.
       ¡Es usted  un borde! Y deje de mirar mis.... coletas. Los ojos los tengo más arriba.
       ¡Ay alma cándida! Una mujer hecha y derecha como tú, con más años...
       ¡Cállese!

Ya no pude seguir hablando. Me agarró con ímpetu y me dio un beso tan apasionado que casi me deja sin respiración.  Cerré los ojos  por inercia y al abrirlos oí una voz familiar:
       Dorita, cariño, ¿cómo estás? Has pasado toda la noche delirando. Has tenido mucha fiebre.
Mi tía Em se encontraba sentada en mi cama, colocando un paño con agua fría en mi frente.
       ¡Ay tía!- dije aún somnolienta- he tenido un sueño rarísimo. Estaba perdida. No sabía volver a Kansas y fui a buscarlo. Entonces...
       Descansa- me susurró – todo ha sido un sueño. Ya pasó. Por cierto, esta mañana han traído un regalo para ti. Está ladrando mucho, pero parece muy simpático. Aún es un cachorro.
       ¿Un perro?
Me sorprendí preguntando lo obvio.
       ¡Sí!- asintió mi tía- y lo curioso es que ya tiene nombre. Se llama Totó. Lleva una placa en el cuello con ese nombre. Venía en una cesta. En la cesta también había un sobre cerrado. Te lo he traído.
Me incorporé en la cama y cogí el sobre. Intenté aparentar serenidad. El pulso se me aceleraba por momentos. Abrí el sobre. Dentro había una hoja en blanco con un par de frases que me hicieron reír a carcajadas, mientras las leía para mis adentros.  Ponía:

To- to tócame los.... 

¿Y si el mago  fuese a buscar a Dorita?

Mi tía se abstuvo de saber cuál era el motivo de mi reacción. Mis ojos hablaban. Me dio un beso en la mejilla y se fue hacia la cocina sonriendo.

jueves, 10 de octubre de 2013

La Hoguera

Sucede que me canso de ser hombre” son unos versos de Neruda cantados por Extremoduro en la canción “Sucede”. Extremoduro me emociona, son los poetas roqueros del pueblo. No siempre la poesía se siente tan bien estructurada como la de Neruda, un excelente poeta, por cierto. La sencillez también es elegante y las letras de Extremoduro, son sencillas pero llenas de metáforas, bellas, a destiempo, irreverentes. Un rock escrito con el coraje de la vida, marcando sentimientos al compás de la guitarra eléctrica. 
 “Sucede” es una de mis preferidas. “Sucede que me canso de ser hombre” (también vale para mí, aunque sea mujer), pues sí- pienso- mientras sigo tarareándola ¿Cómo no vamos a cansarnos si nos hemos complicado la vida de mala manera? Vivimos en el primer mundo, con iphones de última generación, tablets, ordenadores y televisiones con más canales que Venecia, pero muchos de nosotros llegamos a fin de mes agotados. ¡Cómo no!- repito- si pagamos hasta por beber agua. Pagamos por: trabajar más de la cuenta (se llama IRPF), por casarnos, por divorciarnos, por comprar un piso, por venderlo, por heredar, por tener luz, gas, agua y comida. Por vestirnos, por ponernos enfermos, por aparcar en las calles (se llama zona azul), por no pagar cuando aparcas en las calles de zona azul (se llama multa). Por tener dinero en el banco, por ganar a la lotería (un 20% a Hacienda) ¡Hasta por morirnos, pagamos! Mi madre lleva pagando “los muertos” desde que nací. Ya me pueden poner una alfombra roja el día que doble. A este paso nos van a cobrar por respirar y eso está acabando con la paciencia de muchos en general y con la mía en particular. Cuando abro el buzón de mi casa, sólo tengo cartas de facturas. La del teléfono, por ejemplo, la detallan rigurosamente para decirnos que nos hemos pasado del consumo de tal o cual plan, o la de la luz con el consumo en vatios y una subida de cuota en éste último año como para echarse a temblar. Yo por más que miro esa factura, no la entiendo, algunos meses gasto más y otros menos haciendo casi lo mismo, ¡ ah! y luego el seguro del coche o el del hogar, siempre vienen cuando menos lo esperamos. ¿Tocaba este mes el coche?- pensamos- y sí, desgraciadamente toca y cambiar las ruedas del coche y llevarlo a pasar la revisión... lo que digo, un cansancio de pagamentos como para desesperar al santo Job.
¿Hay alguna solución aparte de no pagarlas y que nos embarguen hasta el carnet de identidad? Bueno, podríamos hacer pequeños ajustes económicos. Por ejemplo, si tenemos una cita o una noche especial en nuestra casa, podemos organizarla a la luz de las velas, aparte de ahorrar vatios, el ambiente va a resultar altamente favorable para lo que vendrá después. Otra sugerencia, apaguemos las televisiones de los dormitorios. No tengo datos, pero creo que si no instalásemos televisiones en los dormitorios habría menos divorcios. Y los “singles”, ¿qué? Una opción muy aceptable puede ser la radio o un buen libro. Total, para ver a los tarotistas de la madrugada, mejor “Carrusel deportivo” o “Al primer toque” en la radio. Una nunca sabe cuándo va a tener que echar mano del fútbol para evitar conversaciones incómodas como la política o la religión. El fútbol, en esas ocasiones, suele ser un tema estrella.

Otro tema menos estrella para evadir temas comprometidos podría ser “las facturas” – “pues yo pago tanto con esta compañía telefónica”- “Ah, pues yo tengo este plan y tengo 500 minutos gratis”. Así podemos pasarnos un buen rato hasta volver a normalizar la situación y alejar los malos rollos ante personas poco conocidas. Aunque si todo esto no nos quita el cabreo de tener que pagar hasta por rellenar impresos, podemos (otra sugerencia) organizar una noche al mes, “La Noche de las Facturas”, en el centro de la plaza de la ciudad donde cada uno viva. Cojamos nuestras facturas, pagadas a ser posible, básicamente para que no nos dejen a la luz de las velas de verdad. Hagamos una hoguera con más papeles que los documentos de Bárcenas y disfrutemos del fuego y de la noche. Quién sabe, lo mismo hasta se instaura como fiesta nacional. 

jueves, 3 de octubre de 2013

Todos los jueves, a esta misma hora

Hoy es jueves, ese día tan igual al precedente miércoles, en medio de la semana, que sin ser el anhelado viernes ni el odiado lunes, nos prepara para el fin de semana. Un día cualquiera tan válido como cualquier otro, para disfrutar, nacer, morir, enfermar o trabajar, luchar o dejarse vencer, enamorarse o divorciarse.
Hablando de divorcios, en 2011, en España hubo 103.604 divorcios, un 0,7% más que en el año anterior, y septiembre, al parecer, ostenta el título de mes más “divorciero”(acabo de inventarme esa palabra). También enero suele ser un mes proclive a los divorcios, según una tal Anna Zornosa, vicepresidenta del servicio de citas online de Yahoo Personals. Entre los propósitos de Año Nuevo- dice- en caso de problemas de pareja, la mayoría da prioridad a romper una relación frente a perder peso o dejar de fumar. Desconozco la credibilidad de las afirmaciones de Anna pero una relación mal llevada puede ser más dañina que el tabaco, aunque dejar cualquiera de las dos cosas suele ser difícil. En el caso del tabaco por la cantidad de sustancias adictivas y la adicción en sí de fumar y en el segundo, porque romper una rutina y salir del espacio de confort, aunque no haya mucho confort, suele costarnos. Muchas veces nos resistimos al cambio y la frase “pues no estoy tan mal” nos persigue, a pesar del desamor. Otra cosa es, para los creyentes en la fidelidad, pillar a nuestra pareja “in fraganti”, o que la convivencia se haya deteriorado tanto que nos tiremos los platos a la cabeza (aunque sean tan baratos como los de IKEA). Uno de los motivos de desamor puede ser el haber otorgado a la rutina el papel protagonista en la película de nuestra pareja, en nuestra vida y por ende la desaparición de la pasión y el deseo. El deseo se lleva fatal con la hipoteca, las desavenencias con las familias políticas, el descuido personal con el paso del tiempo, los problemas de los hijos, las facturas, en definitiva, con el día a día. Gestionar el deseo a través del tiempo es una tarea difícil, no imposible, pero requiere paciencia y esfuerzo. Nos casamos pensando que es para siempre, pero las personas evolucionamos y algunas veces, de forma diferente y en diferente dirección a nuestra pareja. Eso ha condicionado nuestra forma de actuar ante las relaciones. La televisión y los medios de comunicación nos pinta un mundo repleto de hedonismo: compra el coche más caro, las cremas antiarrugas para no envejecer, las mejores vacaciones, los mejores trajes de los mejores diseñadores, etc… Tenemos pánico a las enfermedades y a la muerte, ni nombrarla, ya no se vela a los muertos en las casas porque parece que la muerte no forma parte de nuestra vida y el abuelo de morirse en casa, ni hablar, mejor en un hospital si se puede, aunque en casa tengamos todos los medios para esperar a la muerte sin dolor.
No nos están enseñando a luchar, ni a sufrir con el esfuerzo de conseguir aquello que deseamos y el matrimonio es hedonismo, pero también es lucha y sacrificio. Con el paso del tiempo el amor va transformándose en un sentimiento más pausado. Las crisis de pareja harán su aparición tarde o temprano y deberíamos saber solventar esas crisis. Nos apegamos al desamor; es más fácil romper que intentar reconstruir. Caso aparte son las mujeres maltratadas, con esos hombres, tolerancia 0. Denunciar sigue siendo la mejor opción. Antes aguantábamos mucho- me dijo una vecina octogenaria- las mujeres de ahora hacéis muy ricamente de no aguantar. Hombre-le respondí- ni don Juan ni Juanito. Y me entendió perfectamente.
La convivencia pesa mucho, pero el amor soporta ese peso. Entonces, ¿existe el amor eterno, ese de las películas lacrimógenas americanas de Antena 3? Pues no sé, preguntémosle a Antonio Gala, yo no tengo ni idea.

De momento y sin saber la respuesta (ignoro tantas cosas que una más no importa) yo seguiré escribiendo reflexiones de gente corriente, en este blog, todos los jueves a esta misma hora ¡Hasta el próximo jueves!

domingo, 29 de septiembre de 2013

Un poco de ortografía, por favor

Varón, 36 años, 1,80 cms de estatura, 85 kg de peso, moreno, ojos verdes. Parece que estoy describiendo el retrato robot de un hombre buscado por la ley, pero no. Es el retrato real de un hombre que se me acercó en un pub a las tres de la madrugada de un sábado cualquiera de septiembre. Llevaba una camiseta azul con un lagarto bordado y unos pantalones vaqueros de una marca americana, una sonrisa amplia con unos dientes perfectamente alineados y un olor a colonia cara, pero no de las de imitación: de las caras, caras de verdad.
Se me acercó y me preguntó algo superficial. Por la noche, en esos sitios, las conversaciones suelen iniciarse con temas superficiales, después, la noche o el alcohol, puede hacerlas derivar hacia lo que cada uno quiera. En el caso que nos ocupa, la conversación comenzó por un “vienes mucho por aquí”, a lo que respondí un “no mucho”. Continuamos hablando. Me gustaban sus ojos y su sonrisa. Creo que yo también le gustaba a él, porque estuvimos hablando más de una hora. El tiempo es un yoyó, cuando las situaciones son placenteras parece acortarse, para alargarse cuando estamos viviendo momentos angustiosos. Aquella hora me pareció divertida y el tiempo parecía correr más rápido. Hablamos de muchos temas. Irremediablemente salió el tema del trabajo. Siempre sale, tarde o temprano. No es un tema importante, pero es algo que forma parte de nosotros y la mayoría de las veces nos gusta hablar de ello, aunque ahora, con el desempleo por las nubes muchos no quieran ahondar en la herida. Este hombre, en cuestión, trabajaba en una empresa familiar. Cuando acabó la EGB, no quiso seguir estudiando porque no le gustaba estudiar y además, tenía trabajo asegurado con su familia. Tal como me lo pintó, el negocio les iba bien y ya se había comprado un piso y un coche de alta gama. Pues me alegro mucho- dije. Y de verdad me alegraba. Cuando alguien se siente feliz por los logros conseguidos honradamente, sean materiales o espirituales, me alegro. No siento envidia por no tener un piso mejor o un coche mejor. Cada uno en la vida pone prioridades y entre las mías, de momento, no está el lujo, aunque quien sabe, lo mismo me toca una primitiva y cambio los valores. El dinero, aunque digan lo contrario, cambia a las personas. Lo compra casi todo. Lo más importante no puede comprarlo, pero actualmente lo más importante empieza a ser lo más prescindible. De esos temas transcendentales no hablamos; las primeras pinceladas cuando conoces a alguien casi siempre suelen ser para enfocar la situación.
Yo seguía conversando con él, cuando sin darme cuenta, había pasado una hora más y vinieron mis amigas a decirme que se marchaban. Néstor, así se llamaba, notó mi poca predisposición a quedarme con él y se despidió de mí con un “hasta pronto”. Nos intercambiamos los teléfonos y me propuso una cita en una nueva tetería del centro. Te llamaré- exclamó. ¡Vale!- respondí y nos dimos dos besos de despedida.
En el taxi de vuelta, el teléfono sonó brevemente. Era un whatsapp de Néstor. Decía así: “me a gustado mucho conocerte. Haver si nos vemos pronto”. No quiero pecar de estirada pero me incomodan las faltas graves de ortografía. Es cierto que el castellano es un idioma con muchas reglas y excepciones y algunas veces no sabemos muy bien cómo se escribe tal o cual palabra y las tildes ni nombrarlas, muchas veces se nos olvida ponerlas, a mí la primera. A todos nos pasa, pero hay faltas de ortografía que no deberían cometerse si hemos pasado por un colegio. Se supone que hemos invertido 10 años (ahora 12) estudiando nuestro idioma. ¿De quién es la culpa que un chico con 14 años, saliera de la EGB con esas lagunas ortográficas? Estoy segura que la ESO no es mucho mejor y a pesar de estar dos años más estudiando, alguno de esos chicos de ahora sigue escribiendo mal el idioma. No es sólo la falta de conocimiento del idioma, sino todo lo que conlleva: seguramente tampoco conocerá la historia de su país, ni la geografía, ni las cosas básicas que se supone debería saber para enfrentarse a la vida con soltura. Muchos niños de la época franquista no tuvieron más narices que dejar los estudios, porque en la posguerra la pobreza y el hambre jugaron un papel decisivo en el futuro de esos niños. No tuvieron otra opción, pero fueron hombres y mujeres con mucha más dignidad que muchos de los veinteañeros o treintañeros actuales. Muchos de los chicos de esta época se han pasado la educación obligatoria por el forro. Actualmente hay un 30% de adolescentes con fracaso escolar, o sea, se van con 16 años del Instituto sin el título de la ESO. Tendremos que reflexionar sobre esto, saber dónde radica el problema y solucionarlo de algún modo.
He conocido a ancianos casi analfabetos con más cultura que los susodichos antes mencionados. Ancianos a los que la vida sólo les dio manos para trabajar honradamente y amas de casa que crearon un hogar lleno de esperanza para las generaciones sucesivas. Los admiro porque supieron levantar una España, rota por la guerra, a fuerza de esfuerzo y de sacrificio. Estos pueden escribir como les dé la gana, o no saber escribir y seguirán siendo respetados por todos nosotros. Se lo han ganado a pulso, pero en una España donde la educación es obligatoria y gratuita si se quiere (y ojalá siga siendo así por muchos años) no es de recibo escribir “Haver” a no ser que se tenga tantas copas en el cuerpo como para confundir las letras y éste no fue el caso, doy fe. Así que, Néstor, cuando aprendas a escribir, hablamos. 

martes, 24 de septiembre de 2013

De los que tenemos alma o algo parecido

Una vez leí en un artículo entre científico y paranormal (algo común últimamente con la poca investigación que nos están dejando realizar los “anticrisis”), una noticia impactante: “El alma pesa 21 gramos”. Esa era la diferencia de peso entre una persona justo antes de morir y tras su muerte. No especificaba si este hecho ocurría también en otros animales, porque como fuese así ¡la jodimos tía Paca! con las religiones y creencias espirituales que sitúan al humano como único ser con alma del Universo.
Me parece muy arrogante pensar que en el Universo, con millones y millones de estrellas y sus planetas y satélites incluidos, seamos los seres humanos, la culminación de la Creación. En Rapa Nui también pensaban lo mismo. Una isla en medio del Pacífico, ajena a las demás civilizaciones, tan perdida en la Tierra como la Tierra lo está del resto de las galaxias.
Cuando se cambió el concepto de Ptolomeo por el de Copérnico, la Tierra pasó de ser “la reina de mambo”, o sea, de que el Sol girara en torno a ella, a ser un planeta más que giraba alrededor del Sol. ¡Vaya desilusión! Y nosotros que nos creíamos lo más de lo más. ¿Cómo habría permitido Dios semejante ofensa ante su más preciada Creación, arrinconándonos a dar vueltas sobre un sol, haciendo lo mismo exactamente que otros planetas vecinos? ¿Por qué no somos diferentes? y, ¿por qué no tenemos un sitio privilegiado en el Universo si somos tan importantes? Eso sí! , seamos justos. Nuestro planeta es mucho más vistoso que el soso de Marte. Esos colores rojos del planeta vecino tan iguales, tan homogéneos… definitivamente nuestro planeta es mucho más vistoso, pero eso no significa que dejemos de ser una miniatura en un lugar lleno de galaxias y planetas y como no vamos a poder verlos todos para poder comparar con el nuestro, no sabremos si hay mejores. Tiene su parte buena, podremos alardear de pertenecer al planeta más bonito que conocemos. Aun así, y para que se nos quite la prepotencia propongo un ejercicio práctico:

Salgamos al campo o a una playa cuando haya una noche clara, sin nubes. Tumbémonos mirando al cielo (aquellos que no puedan ver con los ojos tendrán que llevarse a alguien de confianza). Respiremos profundamente, sintiendo la vivencia del momento: ese espectáculo de ver el Universo en su esplendor. Eso nos sobraría para alucinar sin necesidad de ninguna otra droga y nos saldría mucho más barato. Después de haber alucinado con el espectáculo, sintámonos parte de algo impresionante hecho por Dios, por Alá, o por lo que cada uno prefiera llamarlo, pero notando también que nosotros estamos en un pequeño planeta y somos una infinita parte de esa superproducción hollywoodiense.
Si después de haber reflexionado, alguien se sigue viendo como el centro del Universo, allá él o ella; cada uno se miente como puede.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Más Blas de Lezo y menos Cristiano Ronaldo

¡Que sí! Que Cristiano toca el balón de lujo, le da vueltas y mete goles como panes, lleva un peinado “superlomás”,tiene coches que no tocaré en la vida, una novia muy guapa con unos labios profundos y dinero para enterrarnos a todos ¡Sí! Cristiano y otros muchos antecesores como Zidane, Cruyff, Maradona, Pelé, Zarra, etc… tienen un talento natural con el balón que los hace únicos para una cosa: jugar muy bien al fútbol y haber conseguido ser famosos. No le voy a quitar el mérito de sus logros, pero, ¿el fútbol es tan importante en esta sociedad? Pues parece que sí, porque los adoramos como si fueran dioses. Darle a un balón con maestría puede ser fascinante, pero de ahí a que sean héroes… Si en vez de un balón tuviese en frente a un león, o a otro gladiador podríamos cambiar el concepto. Esos sí eran héroes: mataban o morían. Pura adrenalina, la supervivencia en estado puro. No me extraña que las patricias de la época romana, pagasen por acostarse con los gladiadores vencedores (con los vencidos no, claro, por razones obvias). Las crónicas cuentan que cuando un gladiador vencía, algunas patricias pagaban por tener sexo con un hombre sudoroso y lleno de sangre del contrincante muerto. Ahora nos puede resultar algo escandaloso, pero en aquella época, la valentía era un valor muy erótico. A mí me lo sigue pareciendo, mucho más que el fútbol, pero claro, es cuestión de gustos. Me“pone” Blas de Lezo, ese almirante, cojo, tuerto y manco que humilló a la Armada Inglesa con 6 navíos frente a los 195 buques ingleses. Toda una prueba de resistencia estratégica. A ver si alguien tiene huevos de llamar “discapacitado” a Blas de Lezo, o siguiendo con genios, a Ray Charles, o a Beethoven, o a Stephen Hawking ¡Pero qué ignorantes somos los humanos! Una cosa es documentarlo en un papel, para dar facilidades a los que la vida les ha dado dificultades y así intentar igualar las posibilidades para vivir dignamente frente a los no“discapacitados” y otra cosa es creerse esa “discapacidad”.¿Cómo voy a creerme que la nadadora paralímpica Teresa Perales, con más medallas ganadas que el General Prim, sea una “discapacitada”? ¿A quién se le ha ocurrido semejante gilipollez? Nosotros, los que nos hacemos llamar “humanos”, somos nuestro cerebro. Nos diferenciamos de los otros animales por algo exclusivo de la evolución del homo sapiens:
EL PENSAMIENTO. Es nuestra única capacidad genuina. Hasta que no nos quiten la posibilidad de poder pensar, sentir, soñar, amar, no dejaremos de ser “capacitados”. La única “discapacidad” real que asumo en el ser humano es la ausencia de pensamiento y de sentimientos. Lo demás son papeles con porcentajes inventados por “iluminados” para etiquetar lo absurdo.
Si usted ve poco, un 30% de “discapacidad”, si ve aún menos, pongamos un 47,5%, y si no ve ni torta un 94,3578% ¡Pues vale! Ponga usted números y le dice al abogado Miguel Durán que tiene un 94,3578% de“discapacidad”, a ver si se lo cree o a ver si se lo cree alguien. Mientras tanto, yo seguiré admirando a Blas de Lezo y a todos los valientes que vencen los obstáculos de la vida. Para mí, los que ven sin ojos, los que caminan sin pies, los que comen sin manos o los que hablan sin voz son como yo o cualquier otra persona. No siento ni pena ni compasión por ellos, porque cada cual llevamos nuestras propias cruces. Todos hemos nacido con la misma “capacidad”de pensar y de sentir, aunque cada uno sienta y piense como le dé la real gana. La libertad de pensamiento y el derecho a la libre expresión; esas frases tan desgastadas en nuestra Democracia. De momento, podemos continuar pensando libremente. Este sigue siendo un país libre…repito, de momento.

jueves, 31 de enero de 2013

¿Quién es Django?

Acabo de salir del cine. El ruido de las balas aún resuena en mi cabeza. La sangre de los muertos se mezcla con mis reflexiones.
¿Quién es Django?. ¿Existió alguna vez? No quiero decir el personaje, digo la persona. ¿Existió alguna vez, algún negro que se rebelara contra la esclavitud? ¿Alguien con la agallas de Django capaz de mirar a un blanco a los ojos y decirle “La D es muda”? Mi mente sigue más allá. Cuando naces negro en Misisipi, a principios del siglo XIX, por decir algo, aunque bien podría decir también judío en la Alemania nazi, o mujer en la cultura talibán. Pues eso. Cuando naces negro y tus padres son esclavos, porque así te lo han hecho saber, y te dicen que tú eres esclavo, porque tus padres son esclavos y porque tus abuelos también lo fueron. Cuando preguntas más allá y la única respuesta es que eres negro y los negros son esclavos de los blancos, nadie, y repito,¿ nadie pensó que los estaban engañando? Vale, ya sabemos que hubo una guerra civil y el resultado. Pero me refiero a los años anteriores. A los abusos a los que fueron sometidos los negros por parte de los blancos. A su “aceptación” de ser inferior. Claro, uno no acepta que es inferior. Se lo imponen. Generar miedo. Esa es la estrategia de la imposición. Siempre ha sido así. Cuando alguien quiere someter a otro, siempre ha usado esa estrategia. Nada nuevo bajo el sol. Un escenario social abonado con racismo. La cúpula eclesiástica de entonces, también apoyaba esta superioridad arbitraria del color y el sometimiento de los africanos a sus dueños. Nadie podía ayudarlos. Estaban en el más absoluto desamparo. Seres indefensos, sin dinero, sin armas y sin derechos. Vendidos al mejor postor. Un horror incomprensible e imposible de perdonar. Seguro que en la mente y en las lágrimas de muchos se escondía Django. Ese negro vengador, que mata a diestro y siniestro. Que usa la violencia como única arma para vencer la injusticia. El ojo por ojo.

Hoy, si miramos bien, podemos ver ese Django en los ojos de muchos vendedores de camisetas de marca falsificada. Esos que se ponen con las mantas en la calle, desafiando a la policía. También los podemos ver en algunos restaurantes chinos, o vendiendo rosas o trabajando en las grandes superficies de ropa asiática. Nadie se fija en ellos. Parecen todos iguales. De vez en cuando los cambian de restaurante o de lugar de “trabajo” para no crear vínculos. Todos lo sabemos y todos callamos. Somos cómplices de la nueva esclavitud del siglo XXI. Tenemos leyes, derechos humanos y ONGs que ayudan hasta la madre que los parió, pero a estos, ¿quién los ayuda?
Algún día, no muy lejano, alguien elevará su voz y dirá que ya no quiere ser esclavo porque no hay más amo que la propia conciencia. Algún día veremos el fin de los poderosos a la fuerza y se elevarán voces de justicia entre los oprimidos. La utopía dejará paso a la realidad. La justicia dejará de ser ciega y verá, por fin. El mundo será tal y como soñamos los que aún soñamos despiertos. Pero, mientras tanto, ¿Quién quiere ser el primero en enfundarse una pistola y decir “la D es muda”?