Gente corriente
domingo, 2 de agosto de 2026
Volvamos a la poesía
jueves, 11 de marzo de 2021
Nuestro "alter ego"
En cada uno de nosotros habita un personaje famoso, ya sea de ficción o real. Puede ser un personaje literario, de cómic, un político actual o pasado, un cantante, un actor...
Entre las personas más o menos cercanas a mí, he reconocido a algunas Bernarda Alba, a un par de Donald Trump, a dos o tres periodistas de las revistas del corazón, de esos/as que anteponen la vida de los otros a sus propias vidas, siempre juzgando los actos de los demás, y casi siempre condenándolos sin ningún tipo de compasión.
También he visto a Calimero, aquel pequeño pollo negro de mirada triste aquejado de una sensación constante de incomprensión por parte de los adultos. Sus frases: “¡Esto es una injusticia!” o “¡los mayores no me entienden!” formaban parte de su repertorio de quejas constantes.
La ironía de Groucho Marx la he sentido en un compañero de trabajo; la ingenuidad de la segunda esposa de Max de Winter en una veinteañera, hija de una amiga; el humor de Chiquito de la Calzada en un tío mío, ya fallecido.
Si evaluamos nuestra conducta podemos vislumbrar nuestro alter ego.
Yo, si no fuese porque a mi alrededor todo es supercalifragilisticoespialidoso -y una no puede luchar contra sus instintos- , me pediría ser como Leia, la de Star Wars, una princesa reconvertida en General de la Resistencia. Hija de la senadora Padmé Amidala y del caballero jedi Anakin Skywalker -Darth Vader para los amigos-, hermana melliza de Luke skywalker, esposa de Han Solo y madre de Kylo Ren. ¡Menuda familia!
¿Puede haber algo mejor que comportarse como Leia? Bueno, a lo mejor sí. A lo mejor el maestro jedi Yoda tiene más empaque. La mítica frase “ hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes” me tiene ganada.
Vale, cuando deje de ver el mundo, por no entenderlo, como si todo fuese supercalifragilisticoespialidoso, me pediré ser Yoda -si mi Mary Poppins interior me deja, claro-.
Y tú, ¿con qué personaje te identificas?
jueves, 22 de octubre de 2020
El unicornio azul de Juan Luis
Mi sobrino Juan Luis tiene ocho años. Hace unos días estábamos hablando sobre animales, y se enteró de que los unicornios no existían. Su sorpresa fue mayúscula. Más que sorpresa fue una desilusión impresionante, y como si le hubiese caído un jarro de agua fría, exclamó: "¿No existen lo unicornios?, Ohhh, ¡vivo en una mentira!"
Querido Juan Luis:
No vives es una mentira. Es cierto que cuando seas mayor verás la falsedad de muchas personas, conocerás la traición de aquellos en los que confiabas y muchas premisas que considerabas ciertas se irán desmoronando con el tiempo, para convertirse en sombras del pasado barridas por la realidad. También es cierto que los políticos mienten casi siempre; por eso te será muy difícil saber cuándo dicen la verdad -casi nunca, ya te lo voy adelantando-, y también son falsas -llamémosle manipuladas- muchas noticias de periódicos, televisiones o radios que leerás, escucharás o mirarás cuando seas mayor. Y esto es así porque cada radio, televisión o periódico sigue unas directrices políticas. Ellos cuentan los sucesos bajo el prisma de la fe de sus jefes. Por eso tendrás que echarle una ojeada a todos los medios de comunicación, pensar por ti mismo con la objetividad del suceso después de analizarlo y ver si todavía queda algún periodista libre pensante - en este momento este tipo de periodismo está en peligro de extinción-.
Queridísimo sobrino:
Aunque muchas historias, sonrisas, abrazos, alabanzas, relaciones -la lista sigue; es muy larga- sean mentira, las cosas más importantes de la vida no lo son. No voy a decirte cuáles son las cosas más importantes de la vida, por si me lo preguntas. En este mundo cada uno elige sus prioridades. Solo voy a darte un consejo: aunque el ser humano miente, -eso ya lo sabes-, no mientas a las personas que te importan. Respétalas y consérvalas como si fuesen un tesoro.
En cuanto a lo de la fantasía, no te preocupes por eso. Las hadas, las brujas, los superhéroes, los gnomos, los personajes de Star Wars y todos los demás seres mágicos engloban la mentira más pequeña de todas las mentiras. A ninguno les hace falta ser de carne y hueso para mantener la importancia que tienen en nuestros corazones. Son y serán por siempre nuestros compañeros de viaje.
Ahora, acércate. Voy a contarte un secreto...
Los unicornios sí existen. Incluso algún cantautor llora porque ha perdido el suyo.
https://www.youtube.com/watch?v=nVAVVrySkfk
Busca el tuyo y sé feliz.
Te quiero.
jueves, 27 de agosto de 2020
Acéptame. Admírame. Aplaudeme.
Conozco personas brillantes, desde el punto de vista académico, que han adoptado una conducta autodestructiva, porque no se sentían lo suficientemente valorados ni admirados en su trabajo o en su vida diaria. Algunos de ellos, cuando esto pasa, optan por las adicciones, otros por el rechazo social y otros por la crítica hacia los demás.
En el fondo -me dijo un psicólogo amigo-, estas actitudes son un mecanismo de defensa ante la indefensión de tener una autoestima insaciable que se nutre de los elogios ajenos. Así de triste.
"A todos nos gusta despertar admiración entre los demás", le dije. "Pues claro -asintió-, pero esa necesidad de notoriedad, de demostrar a los otros lo que sabemos, de creernos imprescindibles, puede arrojarnos hacia el abismo de la depresión si no conseguimos nuestro objetivo".
¿Cómo cambiar esto, entonces?
Una vez leí que un hombre -también vale para una mujer- con una buena autoestima no se engrandece cuando alguien lo adula, ni se deprime si alguien lo infravalora. Solo mira hacia su interior y aprende.
Facultar a los demás a que puedan manejar nuestra autoestima a su antojo, es muy peligroso para nuestra salud mental. Nuestro ego debe ser manejado por nosotros, con ayuda de nuestros familiares y amigos. ¡Y nadie más! No debemos permitir ninguna injerencia externa, ni para bien, ni para mal.
Usemos nuestra conciencia para evaluarnos, para admirarnos, para aprobarnos, suspendernos o perdonarnos. Para ello -me aconsejó mi amigo-, debemos alejarnos un poco del espejo del "yo", sin perderlo de vista. Entonces, veremos que entre el desapego completo del psicópata y el apego asfixiante del dependiente hay un camino intermedio: el de valorar las críticas y los elogios en su justa medida.
Esto ya lo sabía san Agustín cuando dijo: "Conócete. Acéptate. Supérate".
Lo sabía él y nos lo transmitió. Pues vamos a hacerle caso. A lo mejor el resultado nos sorprende...
jueves, 23 de abril de 2020
Buenos días, tristeza
Conforme pasa el tiempo, ni siquiera los aplausos, que inicialmente animaban a los sanitarios a continuar la lucha, son útiles. Ya no podemos aplaudir. Hay demasiados muertos, y no, no son datos. Esas personas muertas tiene nombre y apellidos, una historia, una familia, unas circunstancias únicas, a las que la parca cortó la línea de la vida con unas tijeras llenas de coronavirus. Y nosotros, los fuertes, los valientes, los "héroes" tenemos que seguir luchando con una coraza de psicopatía para no caer rendidos ante tanta desesperación. Lo haremos, claro, para no caer rendidos... y sin embargo, no nos digáis que todo va a salir bien, no pongáis esa maldita canción de las 8:14 en Onda Cero llamada Facciamo finta che, -¡cómo la odio!- porque no puedo fingir que todo va bien. No, fingir no es la solución. Hay que llorar a los muertos, hay que asumir la frustración por la falta de previsión de esta pandemia, hay que dejar que el corazón duela, y por supuesto, alegrarse cuando las personas enfermas se han curado. Son muchos, cada día más, afortunadamente.