jueves, 5 de diciembre de 2019

La soberbia de la juventud


Esta mañana estaba manteniendo una conversación muy interesante acerca de la juventud, la educación y los modales, cuando mi interlocutor comentó la conducta de una muchacha que había tenido un comportamiento poco elegante. Concluyó con una frase lapidaria: "es la soberbia de la juventud"- exclamó.
Es cierto -pensé-, la juventud está hecha de soberbia, de impulsividad, de metas imposibles, de pasiones desgarradoras, de irrealidad, pero sobre todo, está hecha de eternidad. Salvo aquellos con la autoestima muy baja -que los hay, desgraciadamente-, cuando somos jóvenes nos creemos irremplazables, irrepetibles y casi, casi inmortales. La soberbia es uno de los sentimientos que se va diluyendo con el paso del tiempo, al igual que esas otras creencias que acabo de nombrar en el párrafo anterior. Y es que el paso del tiempo nos ancla en el suelo y nos llena de realidad. ¡Maldita realidad!- gritamos. Pero nadie nos oye. Una vez perdida la frescura de la juventud, ya nadie nos devuelve nuestra soberbia -ese sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás- que diría Wikipedia, necesario para ganar cuando se compite en diferentes ámbitos sociales o laborales. Ya nadie nos devuelve la sensación de inmortalidad, y es en ese momento cuando empezamos a notar la muerte cerca, quizá demasiado, sin poder remediarlo. Entonces no nos queda otra que aceptarla a nuestro lado, exactamente igual que a la madurez, esa compañera incondicional que nos escoltará hasta ese momento agonizante sin marcha atrás, para entregarnos a otra vida... ¿o será la misma de nuevo?

jueves, 21 de noviembre de 2019

La asertividad y Lars von Trier


Las películas de Lars von Trier pueden resultar brillantes para unos y un bodrio para otros, pero de lo que no hay duda es de que a nadie dejan indiferente.
Hace unos meses, tras ver Dogville mis sensaciones fueron encadenando diferentes matices, a cada cual más extraño. Pasé de la sensación victoriosa de una venganza conseguida, al desasosiego de la falta de asertividad, pasando por la desilusión que producen las personas cuando confías en ellas y te defraudan.
Me di cuenta de que, como expondría la protagonista para justificar sus actos finales, muchas personas confunden bondad con debilidad, y como dice el refrán " les das una mano y te agarran todo el brazo". Y es que cuando no ponemos límites, somos barridos por la gente aprovechada.
Escribiendo esto me he acordado de una canción de Juanito Valderrama que decía. "dame, dame, dame, van diciendo las personas. Ay qué pena qué penita que ninguna dice toma". El maestro de la canción lo sabía, como lo sé yo. El ser humano busca aprovecharse del otro, y para conseguir su propósito rentista, intenta empatizar, de forma falsa con sonrisas forzadas, haciendo como que le importa el otro. A veces ni lo intenta. A veces, recibes una llamada que hace años no recibías solo porque esa persona necesita que le hagas un favor, o porque te puede usar de alguna manera.
Realmente, solo la familia de uno y los pocos, casi ningún amigo que tenemos, se salvan de la quema. Por eso es tan importante la asertividad. No dejar que nadie pisotee nuestra dignidad, no dar más de lo que podemos dar a quien no se lo merece, ser respetuoso sin dejarnos perder el respeto, son máximas a seguir en nuestra vida si queremos seguir manteniéndonos en pie.
No se trata del "te ayudo si me ayudas", "esto por lo otro", "te doy si me das", o algo así. Se trata más bien de mantener una actitud de buena disposición, siempre y cuando no perjudique tu vida.
Un método efectivo para continuar en el ring con los menores golpes posibles, sería poner un muro de contención a los que no nos importan. Ser asertivo puede ser una medicina para subir nuestra autoestima. Un NO a tiempo, con buena cara, disposición y educación, nos evitará sufrimientos innecesarios, porque reconozcámoslo: el masoquismo fuera de la cama es una pérdida de dignidad, y el cuero negro con el látigo está muy bien en las películas - me refería a CatWoman, no me se seáis malpensados-.
En definitiva, esta vida es una carrera donde no se trata de correr más rápido, sino de saber correr y llegar a la meta con las menores lesiones posibles. A ser posible, las del alma que son las que más duelen.


jueves, 21 de febrero de 2019

El tiempo... y la vida


"Al tiempo le sobran las palabras. Se comunica con hechos".
Esta frase me la dijo, hace muchos años, un juez jubilado ya fallecido cuando le pregunté si le había parecido corta la vida, y si el aprendizaje de sus errores o sus aciertos le había servido para algo.
Al principio no entendí muy bien aquella respuesta. Mi juventud, mi falta de experiencia, mis ideas utópicas... qué se yo, me hicieron dejar la frase a un lado, sin darle más importancia.
Es ahora, a medida que la vida ha ido pasando, cuando esa afirmación se está haciendo cada vez más presente en mi interior. Es el tiempo, ese que nos falta, el que nos sobra para matarlo, el que nos asusta en la vejez, el que ignoramos cuando somos jóvenes, ese mismo, el testigo de nuestros actos. Nosotros somos nuestros propios jueces, y el tiempo es el que ejecuta la sentencia. Dejemos la salud aparte; muchas veces estar sano es un milagro, sobre todo cuando vamos haciéndonos mayores. Sin embargo, para todo lo demás, el tiempo, con su serenidad, nos va encajando en el puzle que hemos decidido formar de nosotros mismos. Nuestras decisiones, para bien o para mal, junto con el destino, a veces caprichoso, nos conforman como seres humanos únicos. Y entonces, llega un momento en que aquello tan importante, ya no lo es tanto. Lo valioso se convierte en prescindible, lo dañino en incómodo, la impaciencia en impasibilidad, el autoritarismo en diálogo, los prejuicios en tolerancia, la belleza se transforma en experiencia y la muerte deja de ser una desconocida a la que hasta hacía poco le negábamos la existencia.
¿Qué nos ha pasado para cambiar estos conceptos?- nos preguntamos- A nosotros nada. Nosotros seguimos siendo los mismos, aunque no lo mismo.
Lo que ha pasado es el tiempo. Ese que nos ha llenado de arrugas la cara y el alma. Ese que nos habrá hecho mirarnos al duro espejo de la realidad. Ese ejecutor de nuestras decisiones.
Lo que ha pasado es el tiempo... y la vida.