jueves, 24 de octubre de 2013
Los arribes del Duero
Estoy
en los arribes del Duero. Aquí la naturaleza no obedece y el río se abre paso
entre las rocas y de entre las rocas surgen árboles que desafían al tiempo.
Aquí estoy, rodeada de belleza, en un pueblo llamado Fermoselle, tan cerca de
Portugal que se puede intuir el rastro luso. He conocido gente que merece la
pena ser conocida y seguro será difícil de olvidar. He visto paisajes
atemporales envueltos en la sombra del río y me he sentido diminuta entre tanta
grandeza. ¡Eso está bien! De vez en cuando nos tienen que decir aquello de
" recuerda que eres mortal" para no creernos lo que no somos. Al fin
y al cabo, lo somos: mortales. No lo olvidemos.
jueves, 17 de octubre de 2013
¿Y si el mago fuese a buscar a Dorita?
Hubo
una vez en que me perdí y no sabía volver a Kansas. Aunque lo programé y
escribí Kansas con todas las opciones gramaticales posibles, mi GPS me repetía
una y otra vez “recalculando ruta” y no lograba encontrar el camino exacto. Mi
agotamiento iba en aumento a la par que la desesperación de sentirme perdida, así que, decidí ir a Oz
a buscar al mago. Me puse los chapines rojos y siguiendo el camino de baldosas
amarillas inicié la marcha al son de la canción: “because, because, because, because of the wonderful things he does”.
Estuve
andando un día y otro y otro. Sólo descansaba para comer y dormir (para otras
cosas fisiológicas también, pero en un cuento no se dicen) y por fin, cuando la
tierra dejó paso al mar, cuando el horizonte pudo tocarse con las manos y el arco iris surcaba el cielo sin lluvia,
entonces, a lo lejos, vi un cartel que ponía “Bienvenidos a Oz”.
Lo
primero que hice al llegar a Oz fue buscar un hotel céntrico para darme una
ducha. Una cosa es la coquetería y otra muy distinta es el desaseo. La
recepcionista, muy amable, me prestó un peine. También me regaló un frasquito
de colonia, sin que yo se lo pidiera. No
quiero ni pensar cómo me vio ni cómo me olió.
Cuando bajé de la habitación, duchada, perfumada y con mis coletas
perfectamente peinadas, le pregunté si sabía cómo podía encontrar al mago. Mi
sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que el mago venía a la cafetería del
hotel, porque sabía que yo estaba allí.- ¡Es un mago!- exclamó la recepcionista al ver mi cara de poker- Los magos lo saben todo.
Con una mueca parecida a una sonrisa me indicó unos sillones colocados en una zona alejada del tránsito de las personas alojadas. Me senté en uno de ellos y allí esperé. Media hora después apareció el mago. Lo supe porque tenía una túnica azul con estrellas pintadas. No cabía duda, era él. Me lo hubiese imaginado más viejo o más feo, pero este mago no era ninguna de las dos cosas. Me levanté para saludarlo. Se sentó en el sillón contiguo al mío. De repente me quedé sin palabras. No sabía cómo empezar la conversación y me lancé, hablando sin parar sobre temas inconexos. El me miraba sin articular palabra. ¡Normal! , no le dejaba establecer un diálogo. Entre las palabras a destacar de aquel monólogo sin fuste, mi voz repetía “Kansas”, “perdida”, “ayuda” y otras más que no recuerdo. Sólo dejaba mi discurso para tomar pequeños sorbos de tila. Menos mal que en Oz conocen la tila- pensé.
Aprovechando un momento de debilidad en mi interlocución, el mago resumió mi discurso:
– No sabes volver a tu casa, ¿verdad? Vamos a ver cómo puedo ayudarte.
Sacó un paquete de tabaco de un bolsillo y encendió un cigarro.
- ¿Has venido sola?- me preguntó mientras echaba humo por la boca.
Yo asentí con la cabeza.
– ¿Usted fuma?- pregunté, asumiendo lo absurdo de mi pregunta.
– A ver, Dorita, cuando alguien enciende un cigarro y echa humo por la boca, efectivamente, fuma. Muchas veces estamos viendo lo que ocurre a nuestro alrededor y seguimos preguntándonos si realmente está ocurriendo. Nos empeñamos en buscarle tres pies al gato. Lo obvio no admite discusión. Probablemente no quieras preguntarme si fumo, sino por qué fumo. Si quieres, vuelve a reconducir la pregunta o cállate.
– Discúlpeme, no era mi intención incomodarlo.
– A lo que vamos... para volver a tu casa necesitas a tus amigos. ¿Dónde está el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros? Sin ellos no podrás volver.
– No lo sé. No los he visto. Usted es mago, sabrá donde están.
Sus ojos me miraron como diciendo ”esta chica es tonta de remate”, pero echó otra bocanada de humo y continuó:
– Ellos están dentro de ti, pero aún no lo sabes. La inteligencia, el valor y el corazón son las armas que necesitarás para volver a tu casa y lo que es más importante, para no perderte nunca, a no ser que quieras perderte, claro. La inteligencia para resolver los problemas que se te planteen en la vida, el valor para enfrentarte a ellos y el corazón para guardar los sentimientos creados dependiendo de tus decisiones o de los acontecimientos que vayan sucediéndote ajenos a tu control. Ah, y tus chapines rojos, claro. Con ellos has llegado hasta mí. Simbolizan la seguridad en ti misma. Tu autoestima. Sin ella nos volvemos débiles y vulnerables ante cualquier contratiempo. La autoestima nos ayuda a perdonarnos, a aceptar nuestros defectos y a querernos tal y como somos. Es como una buena madre; aunque nos regañe cuando nos portamos mal, siempre es compasiva con nosotros y no nos cambiaría por nada ni por nadie porque somos lo mejor que le ha pasado en su vida. Por cierto, ¿tú no tenías un perro?
– ¡Totó!
– Pues to-to tócame los... jajaja
– ¡Yo a usted no tengo porqué tocarle nada! - exclamé indignada- ¡Será maleducado!
– ¡No admites una broma! El sentido del humor es un punto clave para ser feliz. En fin... La fidelidad del perro es tu propia fidelidad como persona. Es tu integridad como ser humano. Tener cerca a Totó, te ayudará a saber quién eres, cómo eres y cuál es tu opinión sobre los diferentes aspectos de la vida. ¡Hazte preguntas! ¡Estructura tu forma de vida! Pero no hagas el puzle entero. La rigidez no ayuda a aprender. Deja piezas sin montar, sueltas, por si acaso las incorporas a tu estilo de vida con el paso del tiempo, o por si quieres salirte del camino cuando te apetezca. Las ideas sobrevaloradas nos pueden llevar a engaño. Conócete a ti misma- como aconseja el filósofo. Esa fidelidad hacia ti, te permitirá saber volver cuando te alejes de tus valores.
- No entiendo la relación de la vida con el tarot, a menos que usted se refiera a algo metafórico.
- Algo así. Esa capacidad camaleónica es buena, sabiendo quién eres en realidad y es mala, si vas dando tumbos por la vida sin orden ni concierto. No se trata de controlar los sentimientos. Uno siente, no analiza; se trata de vivir, pensar, sentir y actuar conforme a tus valores. Pueden o no ser similares a los valores de los demás, pero es tu filosofía de vida. Tan válida como cualquier otra. ¡Equivócate tú! ¡Acierta tú! ¡Redirige tu vida, tú!
– Usted es un mago diferente. Pensaba que haría magia y me devolvería a Kansas.
– ¿Magia? Si quieres puedo hacerte magia. Si paso la noche contigo en el hotel, puedo echarte unos polvos y luego desaparecer.
– ¡Vaya un chiste malo!
– Ahora en serio- dijo, acariciándome la cara- puedo dormir contigo sin que pase nada. Sólo dormir abrazados.
Yo estaba asombrada. No sabía cómo reaccionar. Lo miré con una mezcla de asombro y pánico escénico, aunque reconozco que su proposición me gustó. Sentirse deseada es un halago.
– Usted me gusta mucho, de verdad- le expliqué casi sin mirarlo a los ojos- pero yo no estoy preparada para dormir con usted, así de primeras. Apenas lo conozco y aunque confío en su palabra. .. no pasará nada, lo sé, pero verá... yo.
– ¿Confías en que no pasará nada?- preguntó riendo- ¡Pues no confíes! Cuando un hombre te diga: ”no va a pasar nada” o “sólo quiero abrazarte” y patatín y patatán, no te lo creas. A poco que te descuides ¡Zas! Son nuestros instintos. No podemos prescindir de ellos ni deberíamos. En cuanto miramos a las... coletas se nos va el raciocinio.
– ¡Es usted un borde! Y deje de mirar mis.... coletas. Los ojos los tengo más arriba.
– ¡Ay alma cándida! Una mujer hecha y derecha como tú, con más años...
– ¡Cállese!
Ya
no pude seguir hablando. Me agarró con ímpetu y me dio un beso tan apasionado
que casi me deja sin respiración. Cerré
los ojos por inercia y al abrirlos oí
una voz familiar:
– Dorita,
cariño, ¿cómo estás? Has pasado toda la noche delirando. Has tenido mucha
fiebre.Mi tía Em se encontraba sentada en mi cama, colocando un paño con agua fría en mi frente.
– ¡Ay tía!- dije aún somnolienta- he tenido un sueño rarísimo. Estaba perdida. No sabía volver a Kansas y fui a buscarlo. Entonces...
– Descansa- me susurró – todo ha sido un sueño. Ya pasó. Por cierto, esta mañana han traído un regalo para ti. Está ladrando mucho, pero parece muy simpático. Aún es un cachorro.
– ¿Un perro?
Me sorprendí preguntando lo obvio.
– ¡Sí!- asintió mi tía- y lo curioso es que ya tiene nombre. Se llama Totó. Lleva una placa en el cuello con ese nombre. Venía en una cesta. En la cesta también había un sobre cerrado. Te lo he traído.
Me incorporé en la cama y cogí el sobre. Intenté aparentar serenidad. El pulso se me aceleraba por momentos. Abrí el sobre. Dentro había una hoja en blanco con un par de frases que me hicieron reír a carcajadas, mientras las leía para mis adentros. Ponía:
To-
to tócame los....
¿Y
si el mago fuese a buscar a Dorita?
Mi
tía se abstuvo de saber cuál era el motivo de mi reacción. Mis ojos hablaban.
Me dio un beso en la mejilla y se fue hacia la cocina sonriendo.
jueves, 10 de octubre de 2013
La Hoguera
“Sucede
que me canso de ser hombre” son unos versos de Neruda cantados por
Extremoduro en la canción “Sucede”. Extremoduro me emociona, son
los poetas roqueros del pueblo. No siempre la poesía se siente tan
bien estructurada como la de Neruda, un excelente poeta, por cierto.
La sencillez también es elegante y las letras de Extremoduro, son
sencillas pero llenas de metáforas, bellas, a destiempo,
irreverentes. Un rock escrito con el coraje de la vida, marcando
sentimientos al compás de la guitarra eléctrica.
“Sucede” es una de mis preferidas. “Sucede que
me canso de ser hombre” (también vale para mí, aunque sea mujer),
pues sí- pienso- mientras sigo tarareándola ¿Cómo no vamos a
cansarnos si nos hemos complicado la vida de mala manera? Vivimos en
el primer mundo, con iphones de última generación, tablets,
ordenadores y televisiones con más canales que Venecia, pero muchos
de nosotros llegamos a fin de mes agotados. ¡Cómo no!- repito- si
pagamos hasta por beber agua. Pagamos por: trabajar más de la cuenta
(se llama IRPF), por casarnos, por divorciarnos, por comprar un piso,
por venderlo, por heredar, por tener luz, gas, agua y comida. Por
vestirnos, por ponernos enfermos, por aparcar en las calles (se llama
zona azul), por no pagar cuando aparcas en las calles de zona azul
(se llama multa). Por tener dinero en el banco, por ganar a la
lotería (un 20% a Hacienda) ¡Hasta por morirnos, pagamos! Mi madre
lleva pagando “los muertos” desde que nací. Ya me pueden poner
una alfombra roja el día que doble. A este paso nos van a cobrar por
respirar y eso está acabando con la paciencia de muchos en general y
con la mía en particular. Cuando abro el buzón de mi casa, sólo
tengo cartas de facturas. La del teléfono, por ejemplo, la detallan
rigurosamente para decirnos que nos hemos pasado del consumo de tal o
cual plan, o la de la luz con el consumo en vatios y una subida de
cuota en éste último año como para echarse a temblar. Yo por más
que miro esa factura, no la entiendo, algunos meses gasto más y
otros menos haciendo casi lo mismo, ¡ ah! y luego el seguro del
coche o el del hogar, siempre vienen cuando menos lo esperamos.
¿Tocaba este mes el coche?- pensamos- y sí, desgraciadamente toca y
cambiar las ruedas del coche y llevarlo a pasar la revisión... lo
que digo, un cansancio de pagamentos como para desesperar al santo
Job.
¿Hay
alguna solución aparte de no pagarlas y que nos embarguen hasta el
carnet de identidad? Bueno, podríamos hacer pequeños ajustes
económicos. Por ejemplo, si tenemos una cita o una noche especial en
nuestra casa, podemos organizarla a la luz de las velas, aparte de
ahorrar vatios, el ambiente va a resultar altamente favorable para lo
que vendrá después. Otra sugerencia, apaguemos las televisiones de
los dormitorios. No tengo datos, pero creo que si no instalásemos
televisiones en los dormitorios habría menos divorcios. Y los
“singles”, ¿qué? Una opción muy aceptable puede ser la radio o
un buen libro. Total, para ver a los tarotistas de la madrugada,
mejor “Carrusel deportivo” o “Al primer toque” en la radio.
Una nunca sabe cuándo va a tener que echar mano del fútbol para
evitar conversaciones incómodas como la política o la religión. El
fútbol, en esas ocasiones, suele ser un tema estrella.
Otro
tema menos estrella para evadir temas comprometidos podría ser “las
facturas” – “pues yo pago tanto con esta compañía
telefónica”- “Ah, pues yo tengo este plan y tengo 500 minutos
gratis”. Así podemos pasarnos un buen rato hasta volver a
normalizar la situación y alejar los malos rollos ante personas poco
conocidas. Aunque si todo esto no nos quita el cabreo de tener que
pagar hasta por rellenar impresos, podemos (otra sugerencia)
organizar una noche al mes, “La Noche de las Facturas”, en el
centro de la plaza de la ciudad donde cada uno viva. Cojamos nuestras
facturas, pagadas a ser posible, básicamente para que no nos dejen a
la luz de las velas de verdad. Hagamos una hoguera con más papeles
que los documentos de Bárcenas y disfrutemos del fuego y de la noche. Quién sabe, lo mismo hasta se instaura como fiesta nacional.
jueves, 3 de octubre de 2013
Todos los jueves, a esta misma hora
Hoy
es jueves, ese día tan igual al precedente miércoles, en medio de
la semana, que sin ser el anhelado viernes ni el odiado lunes, nos
prepara para el fin de semana. Un día cualquiera tan válido como
cualquier otro, para disfrutar, nacer, morir, enfermar o trabajar,
luchar o dejarse vencer, enamorarse o divorciarse.
Hablando de divorcios, en 2011, en España hubo 103.604 divorcios, un 0,7% más que en el año anterior, y septiembre, al parecer, ostenta el título de mes más “divorciero”(acabo de inventarme esa palabra). También enero suele ser un mes proclive a los divorcios, según una tal Anna Zornosa, vicepresidenta del servicio de citas online de Yahoo Personals. Entre los propósitos de Año Nuevo- dice- en caso de problemas de pareja, la mayoría da prioridad a romper una relación frente a perder peso o dejar de fumar. Desconozco la credibilidad de las afirmaciones de Anna pero una relación mal llevada puede ser más dañina que el tabaco, aunque dejar cualquiera de las dos cosas suele ser difícil. En el caso del tabaco por la cantidad de sustancias adictivas y la adicción en sí de fumar y en el segundo, porque romper una rutina y salir del espacio de confort, aunque no haya mucho confort, suele costarnos. Muchas veces nos resistimos al cambio y la frase “pues no estoy tan mal” nos persigue, a pesar del desamor. Otra cosa es, para los creyentes en la fidelidad, pillar a nuestra pareja “in fraganti”, o que la convivencia se haya deteriorado tanto que nos tiremos los platos a la cabeza (aunque sean tan baratos como los de IKEA). Uno de los motivos de desamor puede ser el haber otorgado a la rutina el papel protagonista en la película de nuestra pareja, en nuestra vida y por ende la desaparición de la pasión y el deseo. El deseo se lleva fatal con la hipoteca, las desavenencias con las familias políticas, el descuido personal con el paso del tiempo, los problemas de los hijos, las facturas, en definitiva, con el día a día. Gestionar el deseo a través del tiempo es una tarea difícil, no imposible, pero requiere paciencia y esfuerzo. Nos casamos pensando que es para siempre, pero las personas evolucionamos y algunas veces, de forma diferente y en diferente dirección a nuestra pareja. Eso ha condicionado nuestra forma de actuar ante las relaciones. La televisión y los medios de comunicación nos pinta un mundo repleto de hedonismo: compra el coche más caro, las cremas antiarrugas para no envejecer, las mejores vacaciones, los mejores trajes de los mejores diseñadores, etc… Tenemos pánico a las enfermedades y a la muerte, ni nombrarla, ya no se vela a los muertos en las casas porque parece que la muerte no forma parte de nuestra vida y el abuelo de morirse en casa, ni hablar, mejor en un hospital si se puede, aunque en casa tengamos todos los medios para esperar a la muerte sin dolor.
Hablando de divorcios, en 2011, en España hubo 103.604 divorcios, un 0,7% más que en el año anterior, y septiembre, al parecer, ostenta el título de mes más “divorciero”(acabo de inventarme esa palabra). También enero suele ser un mes proclive a los divorcios, según una tal Anna Zornosa, vicepresidenta del servicio de citas online de Yahoo Personals. Entre los propósitos de Año Nuevo- dice- en caso de problemas de pareja, la mayoría da prioridad a romper una relación frente a perder peso o dejar de fumar. Desconozco la credibilidad de las afirmaciones de Anna pero una relación mal llevada puede ser más dañina que el tabaco, aunque dejar cualquiera de las dos cosas suele ser difícil. En el caso del tabaco por la cantidad de sustancias adictivas y la adicción en sí de fumar y en el segundo, porque romper una rutina y salir del espacio de confort, aunque no haya mucho confort, suele costarnos. Muchas veces nos resistimos al cambio y la frase “pues no estoy tan mal” nos persigue, a pesar del desamor. Otra cosa es, para los creyentes en la fidelidad, pillar a nuestra pareja “in fraganti”, o que la convivencia se haya deteriorado tanto que nos tiremos los platos a la cabeza (aunque sean tan baratos como los de IKEA). Uno de los motivos de desamor puede ser el haber otorgado a la rutina el papel protagonista en la película de nuestra pareja, en nuestra vida y por ende la desaparición de la pasión y el deseo. El deseo se lleva fatal con la hipoteca, las desavenencias con las familias políticas, el descuido personal con el paso del tiempo, los problemas de los hijos, las facturas, en definitiva, con el día a día. Gestionar el deseo a través del tiempo es una tarea difícil, no imposible, pero requiere paciencia y esfuerzo. Nos casamos pensando que es para siempre, pero las personas evolucionamos y algunas veces, de forma diferente y en diferente dirección a nuestra pareja. Eso ha condicionado nuestra forma de actuar ante las relaciones. La televisión y los medios de comunicación nos pinta un mundo repleto de hedonismo: compra el coche más caro, las cremas antiarrugas para no envejecer, las mejores vacaciones, los mejores trajes de los mejores diseñadores, etc… Tenemos pánico a las enfermedades y a la muerte, ni nombrarla, ya no se vela a los muertos en las casas porque parece que la muerte no forma parte de nuestra vida y el abuelo de morirse en casa, ni hablar, mejor en un hospital si se puede, aunque en casa tengamos todos los medios para esperar a la muerte sin dolor.
No
nos están enseñando a luchar, ni a sufrir con el esfuerzo de
conseguir aquello que deseamos y el matrimonio es hedonismo, pero
también es lucha y sacrificio. Con el paso del tiempo el amor va
transformándose en un sentimiento más pausado. Las crisis de pareja
harán su aparición tarde o temprano y deberíamos saber solventar
esas crisis. Nos apegamos al desamor; es más fácil romper que
intentar reconstruir. Caso aparte son las mujeres maltratadas, con
esos hombres, tolerancia 0. Denunciar sigue siendo la mejor opción.
Antes aguantábamos mucho- me dijo una vecina octogenaria- las
mujeres de ahora hacéis muy ricamente de no aguantar. Hombre-le
respondí- ni don Juan ni Juanito. Y me entendió perfectamente.
La
convivencia pesa mucho, pero el amor soporta ese peso. Entonces,
¿existe el amor eterno, ese de las películas lacrimógenas
americanas de Antena 3? Pues no sé, preguntémosle a Antonio Gala,
yo no tengo ni idea.
De
momento y sin saber la respuesta (ignoro tantas cosas que una más no
importa) yo seguiré escribiendo reflexiones de gente corriente, en
este blog, todos los jueves a esta misma hora ¡Hasta el próximo
jueves!
domingo, 29 de septiembre de 2013
Un poco de ortografía, por favor
Varón,
36 años, 1,80 cms de estatura, 85 kg de peso, moreno, ojos verdes.
Parece que estoy describiendo el retrato robot de un hombre buscado
por la ley, pero no. Es el retrato real de un hombre que se me acercó
en un pub a las tres de la madrugada de un sábado cualquiera de
septiembre. Llevaba una camiseta azul con un lagarto bordado y unos
pantalones vaqueros de una marca americana, una sonrisa amplia con
unos dientes perfectamente alineados y un olor a colonia cara, pero
no de las de imitación: de las caras, caras de verdad.
Se
me acercó y me preguntó algo superficial. Por la noche, en esos
sitios, las conversaciones suelen iniciarse con temas superficiales,
después, la noche o el alcohol, puede hacerlas derivar hacia lo que
cada uno quiera. En el caso que nos ocupa, la conversación comenzó
por un “vienes mucho por aquí”, a lo que respondí un “no
mucho”. Continuamos hablando. Me gustaban sus ojos y su sonrisa.
Creo que yo también le gustaba a él, porque estuvimos hablando más
de una hora. El tiempo es un yoyó, cuando las situaciones son
placenteras parece acortarse, para alargarse cuando estamos viviendo
momentos angustiosos. Aquella hora me pareció divertida y el tiempo
parecía correr más rápido. Hablamos de muchos temas.
Irremediablemente salió el tema del trabajo. Siempre sale, tarde o
temprano. No es un tema importante, pero es algo que forma parte de
nosotros y la mayoría de las veces nos gusta hablar de ello, aunque
ahora, con el desempleo por las nubes muchos no quieran ahondar en la
herida. Este hombre, en cuestión, trabajaba en una empresa familiar.
Cuando acabó la EGB, no quiso seguir estudiando porque no le gustaba
estudiar y además, tenía trabajo asegurado con su familia. Tal como
me lo pintó, el negocio les iba bien y ya se había comprado un piso
y un coche de alta gama. Pues me alegro mucho- dije. Y de verdad me
alegraba. Cuando alguien se siente feliz por los logros conseguidos
honradamente, sean materiales o espirituales, me alegro. No siento
envidia por no tener un piso mejor o un coche mejor. Cada uno en la
vida pone prioridades y entre las mías, de momento, no está el
lujo, aunque quien sabe, lo mismo me toca una primitiva y cambio los
valores. El dinero, aunque digan lo contrario, cambia a las personas.
Lo compra casi todo. Lo más importante no puede comprarlo, pero
actualmente lo más importante empieza a ser lo más prescindible. De
esos temas transcendentales no hablamos; las primeras pinceladas
cuando conoces a alguien casi siempre suelen ser para enfocar la
situación.
Yo seguía conversando con él, cuando sin darme cuenta, había pasado una hora más y vinieron mis amigas a decirme que se marchaban. Néstor, así se llamaba, notó mi poca predisposición a quedarme con él y se despidió de mí con un “hasta pronto”. Nos intercambiamos los teléfonos y me propuso una cita en una nueva tetería del centro. Te llamaré- exclamó. ¡Vale!- respondí y nos dimos dos besos de despedida.
En el taxi de vuelta, el teléfono sonó brevemente. Era un whatsapp de Néstor. Decía así: “me a gustado mucho conocerte. Haver si nos vemos pronto”. No quiero pecar de estirada pero me incomodan las faltas graves de ortografía. Es cierto que el castellano es un idioma con muchas reglas y excepciones y algunas veces no sabemos muy bien cómo se escribe tal o cual palabra y las tildes ni nombrarlas, muchas veces se nos olvida ponerlas, a mí la primera. A todos nos pasa, pero hay faltas de ortografía que no deberían cometerse si hemos pasado por un colegio. Se supone que hemos invertido 10 años (ahora 12) estudiando nuestro idioma. ¿De quién es la culpa que un chico con 14 años, saliera de la EGB con esas lagunas ortográficas? Estoy segura que la ESO no es mucho mejor y a pesar de estar dos años más estudiando, alguno de esos chicos de ahora sigue escribiendo mal el idioma. No es sólo la falta de conocimiento del idioma, sino todo lo que conlleva: seguramente tampoco conocerá la historia de su país, ni la geografía, ni las cosas básicas que se supone debería saber para enfrentarse a la vida con soltura. Muchos niños de la época franquista no tuvieron más narices que dejar los estudios, porque en la posguerra la pobreza y el hambre jugaron un papel decisivo en el futuro de esos niños. No tuvieron otra opción, pero fueron hombres y mujeres con mucha más dignidad que muchos de los veinteañeros o treintañeros actuales. Muchos de los chicos de esta época se han pasado la educación obligatoria por el forro. Actualmente hay un 30% de adolescentes con fracaso escolar, o sea, se van con 16 años del Instituto sin el título de la ESO. Tendremos que reflexionar sobre esto, saber dónde radica el problema y solucionarlo de algún modo.
He conocido a ancianos casi analfabetos con más cultura que los susodichos antes mencionados. Ancianos a los que la vida sólo les dio manos para trabajar honradamente y amas de casa que crearon un hogar lleno de esperanza para las generaciones sucesivas. Los admiro porque supieron levantar una España, rota por la guerra, a fuerza de esfuerzo y de sacrificio. Estos pueden escribir como les dé la gana, o no saber escribir y seguirán siendo respetados por todos nosotros. Se lo han ganado a pulso, pero en una España donde la educación es obligatoria y gratuita si se quiere (y ojalá siga siendo así por muchos años) no es de recibo escribir “Haver” a no ser que se tenga tantas copas en el cuerpo como para confundir las letras y éste no fue el caso, doy fe. Así que, Néstor, cuando aprendas a escribir, hablamos.
Yo seguía conversando con él, cuando sin darme cuenta, había pasado una hora más y vinieron mis amigas a decirme que se marchaban. Néstor, así se llamaba, notó mi poca predisposición a quedarme con él y se despidió de mí con un “hasta pronto”. Nos intercambiamos los teléfonos y me propuso una cita en una nueva tetería del centro. Te llamaré- exclamó. ¡Vale!- respondí y nos dimos dos besos de despedida.
En el taxi de vuelta, el teléfono sonó brevemente. Era un whatsapp de Néstor. Decía así: “me a gustado mucho conocerte. Haver si nos vemos pronto”. No quiero pecar de estirada pero me incomodan las faltas graves de ortografía. Es cierto que el castellano es un idioma con muchas reglas y excepciones y algunas veces no sabemos muy bien cómo se escribe tal o cual palabra y las tildes ni nombrarlas, muchas veces se nos olvida ponerlas, a mí la primera. A todos nos pasa, pero hay faltas de ortografía que no deberían cometerse si hemos pasado por un colegio. Se supone que hemos invertido 10 años (ahora 12) estudiando nuestro idioma. ¿De quién es la culpa que un chico con 14 años, saliera de la EGB con esas lagunas ortográficas? Estoy segura que la ESO no es mucho mejor y a pesar de estar dos años más estudiando, alguno de esos chicos de ahora sigue escribiendo mal el idioma. No es sólo la falta de conocimiento del idioma, sino todo lo que conlleva: seguramente tampoco conocerá la historia de su país, ni la geografía, ni las cosas básicas que se supone debería saber para enfrentarse a la vida con soltura. Muchos niños de la época franquista no tuvieron más narices que dejar los estudios, porque en la posguerra la pobreza y el hambre jugaron un papel decisivo en el futuro de esos niños. No tuvieron otra opción, pero fueron hombres y mujeres con mucha más dignidad que muchos de los veinteañeros o treintañeros actuales. Muchos de los chicos de esta época se han pasado la educación obligatoria por el forro. Actualmente hay un 30% de adolescentes con fracaso escolar, o sea, se van con 16 años del Instituto sin el título de la ESO. Tendremos que reflexionar sobre esto, saber dónde radica el problema y solucionarlo de algún modo.
He conocido a ancianos casi analfabetos con más cultura que los susodichos antes mencionados. Ancianos a los que la vida sólo les dio manos para trabajar honradamente y amas de casa que crearon un hogar lleno de esperanza para las generaciones sucesivas. Los admiro porque supieron levantar una España, rota por la guerra, a fuerza de esfuerzo y de sacrificio. Estos pueden escribir como les dé la gana, o no saber escribir y seguirán siendo respetados por todos nosotros. Se lo han ganado a pulso, pero en una España donde la educación es obligatoria y gratuita si se quiere (y ojalá siga siendo así por muchos años) no es de recibo escribir “Haver” a no ser que se tenga tantas copas en el cuerpo como para confundir las letras y éste no fue el caso, doy fe. Así que, Néstor, cuando aprendas a escribir, hablamos.
martes, 24 de septiembre de 2013
De los que tenemos alma o algo parecido
Una
vez leí en un artículo entre científico y paranormal (algo común
últimamente con la poca investigación que nos están dejando
realizar los “anticrisis”), una noticia impactante: “El alma
pesa 21 gramos”. Esa era la diferencia de peso entre una persona
justo antes de morir y tras su muerte. No especificaba si este hecho
ocurría también en otros animales, porque como fuese así ¡la
jodimos tía Paca! con las religiones y creencias espirituales que
sitúan al humano como único ser con alma del Universo.
Me
parece muy arrogante pensar que en el Universo, con millones y
millones de estrellas y sus planetas y satélites incluidos, seamos
los seres humanos, la culminación de la Creación. En Rapa Nui
también pensaban lo mismo. Una isla en medio del Pacífico, ajena a
las demás civilizaciones, tan perdida en la Tierra como la Tierra lo
está del resto de las galaxias.
Cuando
se cambió el concepto de Ptolomeo por el de Copérnico, la Tierra
pasó de ser “la reina de mambo”, o sea, de que el Sol girara en
torno a ella, a ser un planeta más que giraba alrededor del Sol.
¡Vaya desilusión! Y nosotros que nos creíamos lo más de lo más.
¿Cómo habría permitido Dios semejante ofensa ante su más preciada
Creación, arrinconándonos a dar vueltas sobre un sol, haciendo lo
mismo exactamente que otros planetas vecinos? ¿Por qué no somos
diferentes? y, ¿por qué no tenemos un sitio privilegiado en el
Universo si somos tan importantes? Eso sí! , seamos justos. Nuestro
planeta es mucho más vistoso que el soso de Marte. Esos colores
rojos del planeta vecino tan iguales, tan homogéneos…
definitivamente nuestro planeta es mucho más vistoso, pero eso no
significa que dejemos de ser una miniatura en un lugar lleno de
galaxias y planetas y como no vamos a poder verlos todos para poder
comparar con el nuestro, no sabremos si hay mejores. Tiene su parte
buena, podremos alardear de pertenecer al planeta más bonito que
conocemos. Aun así, y para que se nos quite la prepotencia propongo
un ejercicio práctico:
Salgamos
al campo o a una playa cuando haya una noche clara, sin nubes.
Tumbémonos mirando al cielo (aquellos que no puedan ver con los ojos
tendrán que llevarse a alguien de confianza). Respiremos
profundamente, sintiendo la vivencia del momento: ese espectáculo de
ver el Universo en su esplendor. Eso nos sobraría para alucinar sin
necesidad de ninguna otra droga y nos saldría mucho más barato.
Después de haber alucinado con el espectáculo, sintámonos parte de
algo impresionante hecho por Dios, por Alá, o por lo que cada uno
prefiera llamarlo, pero notando también que nosotros estamos en un
pequeño planeta y somos una infinita parte de esa superproducción
hollywoodiense.
Si después de haber reflexionado, alguien se sigue viendo como el centro del Universo, allá él o ella; cada uno se miente como puede.
Si después de haber reflexionado, alguien se sigue viendo como el centro del Universo, allá él o ella; cada uno se miente como puede.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Más Blas de Lezo y menos Cristiano Ronaldo
¡Que
sí! Que Cristiano toca el balón de lujo, le da vueltas y mete goles
como panes, lleva un peinado “superlomás”,tiene coches que no
tocaré en la vida, una novia muy guapa con unos labios profundos y
dinero para enterrarnos a todos ¡Sí! Cristiano y otros muchos
antecesores como Zidane, Cruyff, Maradona, Pelé, Zarra, etc…
tienen un talento natural con el balón que los hace únicos para una
cosa: jugar muy bien al fútbol y haber conseguido ser famosos. No le
voy a quitar el mérito de sus logros, pero, ¿el fútbol es tan
importante en esta sociedad? Pues parece que sí, porque los adoramos
como si fueran dioses. Darle a un balón con maestría puede ser
fascinante, pero de ahí a que sean héroes… Si en vez de un balón
tuviese en frente a un león, o a otro gladiador podríamos cambiar
el concepto. Esos sí eran héroes: mataban o morían. Pura
adrenalina, la supervivencia en estado puro. No me extraña que las
patricias de la época romana, pagasen por acostarse con los
gladiadores vencedores (con los vencidos no, claro, por razones
obvias). Las crónicas cuentan que cuando un gladiador vencía,
algunas patricias pagaban por tener sexo con un hombre sudoroso y
lleno de sangre del contrincante muerto. Ahora nos puede resultar
algo escandaloso, pero en aquella época, la valentía era un valor
muy erótico. A mí me lo sigue pareciendo, mucho más que el fútbol,
pero claro, es cuestión de gustos. Me“pone” Blas de Lezo, ese
almirante, cojo, tuerto y manco que humilló a la Armada Inglesa con
6 navíos frente a los 195 buques ingleses. Toda una prueba de
resistencia estratégica. A ver si alguien tiene huevos de llamar
“discapacitado” a Blas de Lezo, o siguiendo con genios, a Ray
Charles, o a Beethoven, o a Stephen Hawking ¡Pero qué ignorantes
somos los humanos! Una cosa es documentarlo en un papel, para dar
facilidades a los que la vida les ha dado dificultades y así
intentar igualar las posibilidades para vivir dignamente frente a los
no“discapacitados” y otra cosa es creerse esa
“discapacidad”.¿Cómo voy a creerme que la nadadora paralímpica
Teresa Perales, con más medallas ganadas que el General Prim, sea
una “discapacitada”? ¿A quién se le ha ocurrido semejante
gilipollez? Nosotros, los que nos hacemos llamar “humanos”, somos
nuestro cerebro. Nos diferenciamos de los otros animales por algo
exclusivo de la evolución del homo sapiens:
EL PENSAMIENTO. Es nuestra única capacidad genuina. Hasta que no nos quiten la posibilidad de poder pensar, sentir, soñar, amar, no dejaremos de ser “capacitados”. La única “discapacidad” real que asumo en el ser humano es la ausencia de pensamiento y de sentimientos. Lo demás son papeles con porcentajes inventados por “iluminados” para etiquetar lo absurdo.
EL PENSAMIENTO. Es nuestra única capacidad genuina. Hasta que no nos quiten la posibilidad de poder pensar, sentir, soñar, amar, no dejaremos de ser “capacitados”. La única “discapacidad” real que asumo en el ser humano es la ausencia de pensamiento y de sentimientos. Lo demás son papeles con porcentajes inventados por “iluminados” para etiquetar lo absurdo.
Si
usted ve poco, un 30% de “discapacidad”, si ve aún menos,
pongamos un 47,5%, y si no ve ni torta un 94,3578% ¡Pues vale! Ponga
usted números y le dice al abogado Miguel Durán que tiene un
94,3578% de“discapacidad”, a ver si se lo cree o a ver si se lo
cree alguien. Mientras tanto, yo seguiré admirando a Blas de Lezo y
a todos los valientes que vencen los obstáculos de la vida. Para mí,
los que ven sin ojos, los que caminan sin pies, los que comen sin
manos o los que hablan sin voz son como yo o cualquier otra persona.
No siento ni pena ni compasión por ellos, porque cada cual llevamos
nuestras propias cruces. Todos hemos nacido con la misma
“capacidad”de pensar y de sentir, aunque cada uno sienta y piense
como le dé la real gana. La libertad de pensamiento y el derecho a
la libre expresión; esas frases tan desgastadas en nuestra
Democracia. De momento, podemos continuar pensando libremente. Este
sigue siendo un país libre…repito, de momento.
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