miércoles, 14 de octubre de 2026

La muerte no acepta propinas

 Algunas personas creen que pueden comprar a la muerte. «Pago lo que haga falta», dicen, con tal de engañarla. Pero la muerte no se deja engañar. Aceptar nuestra finitud es una tarea imposible. El instinto más poderoso del ser humano es la supervivencia. No estamos programados para morir; estamos programados para vivir, y es más, salvo en situaciones de extremo sufrimiento o desesperanza, el resto queremos seguir en esto que llaman vida.

Por eso, intentar evitar el suicidio de las personas en riesgo debería ser una de nuestras prioridades como sociedad. No es natural que un hombre o una mujer con buena salud decida suicidarse; no podemos normalizarlo. Debemos gastar más dinero público en prevenir suicidios y en mejorar la salud mental de los ciudadanos. Una sociedad sana, tanto física como mentalmente, es una sociedad productiva, feliz y agradecida.

Luego, podrá venir la muerte a buscarnos —que nos encontrará— y aunque intentemos desmarcarnos (algunas veces se puede conseguir retrasar lo inevitable con los nuevos avances médicos), al final tendremos que sonreír y dejarnos llevar por ella. Porque la muerte, aunque intentemos darle todo el dinero que tengamos y sea mucho, no acepta propinas.

 

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