jueves, 24 de octubre de 2013

Los arribes del Duero

Estoy en los arribes del Duero. Aquí la naturaleza no obedece y el río se abre paso entre las rocas y de entre las rocas surgen árboles que desafían al tiempo. Aquí estoy, rodeada de belleza, en un pueblo llamado Fermoselle, tan cerca de Portugal que se puede intuir el rastro luso. He conocido gente que merece la pena ser conocida y seguro será difícil de olvidar. He visto paisajes atemporales envueltos en la sombra del río y me he sentido diminuta entre tanta grandeza. ¡Eso está bien! De vez en cuando nos tienen que decir aquello de " recuerda que eres mortal" para no creernos lo que no somos. Al fin y al cabo, lo somos: mortales. No lo olvidemos.

jueves, 17 de octubre de 2013

¿Y si el mago fuese a buscar a Dorita?


Hubo una vez en que me perdí y no sabía volver a Kansas. Aunque lo programé y escribí Kansas con todas las opciones gramaticales posibles, mi GPS me repetía una y otra vez “recalculando ruta” y no lograba encontrar el camino exacto. Mi agotamiento iba en aumento a la par que la desesperación  de sentirme perdida, así que, decidí ir a Oz a buscar al mago. Me puse los chapines rojos y siguiendo el camino de baldosas amarillas inicié la marcha al son de la canción: “because, because, because, because of the wonderful things he does”.

Estuve andando un día y otro y otro. Sólo descansaba para comer y dormir (para otras cosas fisiológicas también, pero en un cuento no se dicen) y por fin, cuando la tierra dejó paso al mar, cuando el horizonte pudo tocarse con las manos y  el arco iris surcaba el cielo sin lluvia, entonces, a lo lejos, vi un cartel que ponía “Bienvenidos a Oz”.
Lo primero que hice al llegar a Oz fue buscar un hotel céntrico para darme una ducha. Una cosa es la coquetería y otra muy distinta es el desaseo. La recepcionista, muy amable, me prestó un peine. También me regaló un frasquito de colonia,  sin que yo se lo pidiera. No quiero ni pensar cómo me vio  ni  cómo me olió.  Cuando bajé de la habitación, duchada, perfumada y con mis coletas perfectamente peinadas, le pregunté si sabía cómo podía encontrar al mago. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que el mago venía a la cafetería del hotel, porque sabía que yo estaba allí.
-        ¡Es un mago!- exclamó la recepcionista al ver mi cara de poker- Los magos lo saben todo.
Con una mueca parecida a una sonrisa me indicó unos sillones colocados en una zona alejada del tránsito de las personas alojadas. Me senté en uno de ellos y allí esperé. Media hora después apareció el mago. Lo supe porque tenía una túnica azul con estrellas pintadas. No cabía duda, era él. Me lo hubiese imaginado más viejo o más feo, pero este mago no era ninguna de las dos cosas. Me levanté para saludarlo. Se sentó en el sillón contiguo al mío. De repente me quedé sin palabras. No sabía cómo empezar la conversación y me lancé, hablando sin parar sobre temas inconexos. El me miraba sin articular palabra. ¡Normal! , no le dejaba establecer un diálogo. Entre las palabras  a destacar de aquel monólogo sin fuste, mi voz repetía  “Kansas”, “perdida”, “ayuda” y otras más que no recuerdo. Sólo dejaba mi discurso para tomar pequeños sorbos de tila. Menos mal que en Oz conocen la tila- pensé.
Aprovechando un momento de debilidad en mi interlocución, el mago resumió mi discurso:
        No sabes volver a tu casa, ¿verdad? Vamos a ver cómo puedo ayudarte.
Sacó un paquete de tabaco de un bolsillo y encendió un cigarro.
-             ¿Has venido sola?- me preguntó mientras echaba humo por la boca.
Yo asentí con la cabeza.
        ¿Usted fuma?- pregunté, asumiendo lo absurdo de mi pregunta.
        A ver, Dorita, cuando alguien enciende un cigarro y echa humo por la boca, efectivamente, fuma. Muchas veces estamos viendo lo que ocurre a nuestro alrededor  y seguimos preguntándonos si realmente está ocurriendo. Nos empeñamos en buscarle tres pies al gato. Lo obvio no admite discusión. Probablemente no quieras preguntarme si fumo, sino por qué fumo. Si quieres, vuelve a reconducir la pregunta o cállate.
        Discúlpeme, no era mi intención incomodarlo.
        A lo que vamos... para volver a tu casa necesitas a tus amigos. ¿Dónde está el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros? Sin ellos no podrás volver.
        No lo sé. No los he visto. Usted es mago, sabrá donde están.
Sus ojos me miraron como diciendo ”esta chica es tonta de remate”, pero echó otra bocanada de humo y continuó:
        Ellos están dentro de ti, pero aún no lo sabes. La inteligencia, el valor y el corazón  son las armas que necesitarás para volver a tu casa  y lo que es más importante, para no perderte nunca, a no ser que quieras perderte, claro. La inteligencia para resolver los problemas que se te planteen en la vida, el valor para enfrentarte a ellos y el corazón para guardar los sentimientos  creados dependiendo de tus decisiones o  de los acontecimientos que vayan sucediéndote ajenos a tu control.  Ah, y tus chapines rojos, claro. Con ellos has llegado hasta mí.  Simbolizan la seguridad en ti misma. Tu autoestima.  Sin ella  nos volvemos débiles y vulnerables ante cualquier contratiempo. La autoestima nos ayuda a perdonarnos, a aceptar nuestros defectos y a querernos tal y como somos. Es como una buena madre;  aunque nos regañe cuando nos portamos mal, siempre es compasiva con nosotros y no nos cambiaría por nada ni por nadie porque somos lo mejor que le ha pasado en su vida. Por cierto, ¿tú no tenías un perro?
        ¡Totó!
        Pues to-to  tócame los... jajaja
        ¡Yo a usted no tengo porqué tocarle nada! - exclamé  indignada- ¡Será maleducado!
        ¡No admites una broma! El sentido del humor es un punto clave para ser feliz. En fin...  La fidelidad del perro  es tu propia fidelidad como persona. Es tu integridad como ser humano. Tener cerca a Totó, te ayudará a saber quién eres, cómo eres y cuál es tu opinión sobre los diferentes aspectos de la vida.  ¡Hazte preguntas! ¡Estructura tu forma de vida!  Pero no hagas el puzle entero. La rigidez no ayuda a aprender. Deja piezas sin montar, sueltas, por si acaso las incorporas a tu estilo de vida con el paso del tiempo, o por si quieres salirte del camino cuando te apetezca. Las ideas sobrevaloradas nos pueden llevar a engaño. Conócete a ti misma- como aconseja el filósofo. Esa fidelidad hacia ti,  te permitirá saber volver cuando te alejes de tus valores.

 Aquellas reflexiones me hicieron pensar. Nunca había considerado la idea de conocerme tan a fondo. A veces me sorprendo a mí misma con actitudes poco frecuentes en mí. Eso mismo le expuse, mientras tomaba tila a sorbos.
        Claro, Dorita- puntualizó- Yo soy un mago, pero puedo ser un loco o un   ermitaño o  convertirme en un carro, pero siempre seré yo.
-        No entiendo la relación de la vida con el tarot, a menos que usted se refiera a algo metafórico.
-        Algo así.  Esa capacidad camaleónica es buena, sabiendo quién eres en realidad y es mala, si vas dando tumbos por la vida sin orden ni concierto. No se trata de controlar los sentimientos. Uno siente, no analiza; se trata de vivir, pensar, sentir y actuar conforme a tus valores. Pueden o no ser similares a los valores de los demás, pero es tu filosofía de vida. Tan válida  como cualquier otra.  ¡Equivócate tú! ¡Acierta tú! ¡Redirige tu vida, tú!
        Usted es un mago diferente. Pensaba que haría magia y me devolvería a Kansas.
        ¿Magia? Si quieres puedo hacerte magia. Si paso la noche contigo  en el hotel, puedo echarte unos polvos y luego desaparecer.
        ¡Vaya un chiste malo!
        Ahora en serio- dijo, acariciándome la cara- puedo dormir contigo sin que pase nada. Sólo dormir abrazados.
Yo estaba asombrada. No sabía cómo reaccionar. Lo miré con una mezcla de asombro y pánico escénico, aunque reconozco que su proposición me gustó. Sentirse deseada es un halago.
       Usted me gusta mucho, de verdad- le expliqué casi sin mirarlo a los ojos- pero yo no estoy preparada para dormir con usted, así de primeras. Apenas lo conozco  y aunque confío en su palabra. .. no pasará nada, lo sé, pero verá... yo.
       ¿Confías en que no pasará nada?- preguntó riendo- ¡Pues no confíes! Cuando un hombre te diga: ”no  va a pasar nada” o “sólo quiero  abrazarte”  y patatín y patatán, no te lo creas. A poco que te descuides  ¡Zas! Son nuestros instintos. No podemos prescindir de ellos ni deberíamos.  En cuanto miramos a las... coletas se nos va el raciocinio.
       ¡Es usted  un borde! Y deje de mirar mis.... coletas. Los ojos los tengo más arriba.
       ¡Ay alma cándida! Una mujer hecha y derecha como tú, con más años...
       ¡Cállese!

Ya no pude seguir hablando. Me agarró con ímpetu y me dio un beso tan apasionado que casi me deja sin respiración.  Cerré los ojos  por inercia y al abrirlos oí una voz familiar:
       Dorita, cariño, ¿cómo estás? Has pasado toda la noche delirando. Has tenido mucha fiebre.
Mi tía Em se encontraba sentada en mi cama, colocando un paño con agua fría en mi frente.
       ¡Ay tía!- dije aún somnolienta- he tenido un sueño rarísimo. Estaba perdida. No sabía volver a Kansas y fui a buscarlo. Entonces...
       Descansa- me susurró – todo ha sido un sueño. Ya pasó. Por cierto, esta mañana han traído un regalo para ti. Está ladrando mucho, pero parece muy simpático. Aún es un cachorro.
       ¿Un perro?
Me sorprendí preguntando lo obvio.
       ¡Sí!- asintió mi tía- y lo curioso es que ya tiene nombre. Se llama Totó. Lleva una placa en el cuello con ese nombre. Venía en una cesta. En la cesta también había un sobre cerrado. Te lo he traído.
Me incorporé en la cama y cogí el sobre. Intenté aparentar serenidad. El pulso se me aceleraba por momentos. Abrí el sobre. Dentro había una hoja en blanco con un par de frases que me hicieron reír a carcajadas, mientras las leía para mis adentros.  Ponía:

To- to tócame los.... 

¿Y si el mago  fuese a buscar a Dorita?

Mi tía se abstuvo de saber cuál era el motivo de mi reacción. Mis ojos hablaban. Me dio un beso en la mejilla y se fue hacia la cocina sonriendo.

jueves, 10 de octubre de 2013

La Hoguera

Sucede que me canso de ser hombre” son unos versos de Neruda cantados por Extremoduro en la canción “Sucede”. Extremoduro me emociona, son los poetas roqueros del pueblo. No siempre la poesía se siente tan bien estructurada como la de Neruda, un excelente poeta, por cierto. La sencillez también es elegante y las letras de Extremoduro, son sencillas pero llenas de metáforas, bellas, a destiempo, irreverentes. Un rock escrito con el coraje de la vida, marcando sentimientos al compás de la guitarra eléctrica. 
 “Sucede” es una de mis preferidas. “Sucede que me canso de ser hombre” (también vale para mí, aunque sea mujer), pues sí- pienso- mientras sigo tarareándola ¿Cómo no vamos a cansarnos si nos hemos complicado la vida de mala manera? Vivimos en el primer mundo, con iphones de última generación, tablets, ordenadores y televisiones con más canales que Venecia, pero muchos de nosotros llegamos a fin de mes agotados. ¡Cómo no!- repito- si pagamos hasta por beber agua. Pagamos por: trabajar más de la cuenta (se llama IRPF), por casarnos, por divorciarnos, por comprar un piso, por venderlo, por heredar, por tener luz, gas, agua y comida. Por vestirnos, por ponernos enfermos, por aparcar en las calles (se llama zona azul), por no pagar cuando aparcas en las calles de zona azul (se llama multa). Por tener dinero en el banco, por ganar a la lotería (un 20% a Hacienda) ¡Hasta por morirnos, pagamos! Mi madre lleva pagando “los muertos” desde que nací. Ya me pueden poner una alfombra roja el día que doble. A este paso nos van a cobrar por respirar y eso está acabando con la paciencia de muchos en general y con la mía en particular. Cuando abro el buzón de mi casa, sólo tengo cartas de facturas. La del teléfono, por ejemplo, la detallan rigurosamente para decirnos que nos hemos pasado del consumo de tal o cual plan, o la de la luz con el consumo en vatios y una subida de cuota en éste último año como para echarse a temblar. Yo por más que miro esa factura, no la entiendo, algunos meses gasto más y otros menos haciendo casi lo mismo, ¡ ah! y luego el seguro del coche o el del hogar, siempre vienen cuando menos lo esperamos. ¿Tocaba este mes el coche?- pensamos- y sí, desgraciadamente toca y cambiar las ruedas del coche y llevarlo a pasar la revisión... lo que digo, un cansancio de pagamentos como para desesperar al santo Job.
¿Hay alguna solución aparte de no pagarlas y que nos embarguen hasta el carnet de identidad? Bueno, podríamos hacer pequeños ajustes económicos. Por ejemplo, si tenemos una cita o una noche especial en nuestra casa, podemos organizarla a la luz de las velas, aparte de ahorrar vatios, el ambiente va a resultar altamente favorable para lo que vendrá después. Otra sugerencia, apaguemos las televisiones de los dormitorios. No tengo datos, pero creo que si no instalásemos televisiones en los dormitorios habría menos divorcios. Y los “singles”, ¿qué? Una opción muy aceptable puede ser la radio o un buen libro. Total, para ver a los tarotistas de la madrugada, mejor “Carrusel deportivo” o “Al primer toque” en la radio. Una nunca sabe cuándo va a tener que echar mano del fútbol para evitar conversaciones incómodas como la política o la religión. El fútbol, en esas ocasiones, suele ser un tema estrella.

Otro tema menos estrella para evadir temas comprometidos podría ser “las facturas” – “pues yo pago tanto con esta compañía telefónica”- “Ah, pues yo tengo este plan y tengo 500 minutos gratis”. Así podemos pasarnos un buen rato hasta volver a normalizar la situación y alejar los malos rollos ante personas poco conocidas. Aunque si todo esto no nos quita el cabreo de tener que pagar hasta por rellenar impresos, podemos (otra sugerencia) organizar una noche al mes, “La Noche de las Facturas”, en el centro de la plaza de la ciudad donde cada uno viva. Cojamos nuestras facturas, pagadas a ser posible, básicamente para que no nos dejen a la luz de las velas de verdad. Hagamos una hoguera con más papeles que los documentos de Bárcenas y disfrutemos del fuego y de la noche. Quién sabe, lo mismo hasta se instaura como fiesta nacional. 

jueves, 3 de octubre de 2013

Todos los jueves, a esta misma hora

Hoy es jueves, ese día tan igual al precedente miércoles, en medio de la semana, que sin ser el anhelado viernes ni el odiado lunes, nos prepara para el fin de semana. Un día cualquiera tan válido como cualquier otro, para disfrutar, nacer, morir, enfermar o trabajar, luchar o dejarse vencer, enamorarse o divorciarse.
Hablando de divorcios, en 2011, en España hubo 103.604 divorcios, un 0,7% más que en el año anterior, y septiembre, al parecer, ostenta el título de mes más “divorciero”(acabo de inventarme esa palabra). También enero suele ser un mes proclive a los divorcios, según una tal Anna Zornosa, vicepresidenta del servicio de citas online de Yahoo Personals. Entre los propósitos de Año Nuevo- dice- en caso de problemas de pareja, la mayoría da prioridad a romper una relación frente a perder peso o dejar de fumar. Desconozco la credibilidad de las afirmaciones de Anna pero una relación mal llevada puede ser más dañina que el tabaco, aunque dejar cualquiera de las dos cosas suele ser difícil. En el caso del tabaco por la cantidad de sustancias adictivas y la adicción en sí de fumar y en el segundo, porque romper una rutina y salir del espacio de confort, aunque no haya mucho confort, suele costarnos. Muchas veces nos resistimos al cambio y la frase “pues no estoy tan mal” nos persigue, a pesar del desamor. Otra cosa es, para los creyentes en la fidelidad, pillar a nuestra pareja “in fraganti”, o que la convivencia se haya deteriorado tanto que nos tiremos los platos a la cabeza (aunque sean tan baratos como los de IKEA). Uno de los motivos de desamor puede ser el haber otorgado a la rutina el papel protagonista en la película de nuestra pareja, en nuestra vida y por ende la desaparición de la pasión y el deseo. El deseo se lleva fatal con la hipoteca, las desavenencias con las familias políticas, el descuido personal con el paso del tiempo, los problemas de los hijos, las facturas, en definitiva, con el día a día. Gestionar el deseo a través del tiempo es una tarea difícil, no imposible, pero requiere paciencia y esfuerzo. Nos casamos pensando que es para siempre, pero las personas evolucionamos y algunas veces, de forma diferente y en diferente dirección a nuestra pareja. Eso ha condicionado nuestra forma de actuar ante las relaciones. La televisión y los medios de comunicación nos pinta un mundo repleto de hedonismo: compra el coche más caro, las cremas antiarrugas para no envejecer, las mejores vacaciones, los mejores trajes de los mejores diseñadores, etc… Tenemos pánico a las enfermedades y a la muerte, ni nombrarla, ya no se vela a los muertos en las casas porque parece que la muerte no forma parte de nuestra vida y el abuelo de morirse en casa, ni hablar, mejor en un hospital si se puede, aunque en casa tengamos todos los medios para esperar a la muerte sin dolor.
No nos están enseñando a luchar, ni a sufrir con el esfuerzo de conseguir aquello que deseamos y el matrimonio es hedonismo, pero también es lucha y sacrificio. Con el paso del tiempo el amor va transformándose en un sentimiento más pausado. Las crisis de pareja harán su aparición tarde o temprano y deberíamos saber solventar esas crisis. Nos apegamos al desamor; es más fácil romper que intentar reconstruir. Caso aparte son las mujeres maltratadas, con esos hombres, tolerancia 0. Denunciar sigue siendo la mejor opción. Antes aguantábamos mucho- me dijo una vecina octogenaria- las mujeres de ahora hacéis muy ricamente de no aguantar. Hombre-le respondí- ni don Juan ni Juanito. Y me entendió perfectamente.
La convivencia pesa mucho, pero el amor soporta ese peso. Entonces, ¿existe el amor eterno, ese de las películas lacrimógenas americanas de Antena 3? Pues no sé, preguntémosle a Antonio Gala, yo no tengo ni idea.

De momento y sin saber la respuesta (ignoro tantas cosas que una más no importa) yo seguiré escribiendo reflexiones de gente corriente, en este blog, todos los jueves a esta misma hora ¡Hasta el próximo jueves!